martes, 2 de marzo de 2010

TODO SOBRE LA EXHIBICION DEL EXAMEN DE GUILLEN : UN ACTO DE TRANSPARENCIA DEL CNM , PERO PUNTO A FAVOR DEL FISCAL.




Los integrantes del CNM, en un gesto de sensatez que saludamos, decidieron cambiar su posición y aceptaron enseñar todos los exámenes de los postulantes. Entre ellos el del fiscal Guillén, quien semanas atrás había amenazado con renunciar debido a que estaba convencido de que había sido desaprobado en dicho examen por la injerencia política de sus enemigos.

La noticia de la desaprobación generó indignación en muchos, una fuerte adhesión a su persona (un pronunciamiento circulado por nosotros a su favor , en pocos días supero las 1500 firmas) y una exigencia para ver los exámenes.

Pero de pronto el CNM no solo decidió mostrar los exámenes –pese a que en varias oportunidades había dicho que ya habían sido incinerados, lo que nosotros nunca creímos– sino que tuvo el gesto de transparencia de invitar a dos profesionales del IDL como veedores del acto.

A continuación una crónica sobre lo que vimos y escuchamos, y nuestras conclusiones. Pero comencemos recordando bien quién es Avelino Guillén y qué había pasado con él en este concurso recientemente anulado .

EL MISTERIO: JALÓ GUILLEN.

Es como si Kina Malpartida saliera jalada en un examen sobre cómo meter un buen kechi en una pelea de box , o si Rómulo León y don Bieto sacaran 05 en una prueba acerca de cómo hacer un faetón, o si San Martín quedara fuera de un concurso de jueces a partir de una pregunta sobre el juicio de Fujimori.

Y tantos casos más que estoy seguro ya todos comenzaron a asociar: de Soto, jalado en marketing, Pancho Soberón en derechos humanos, Alex Kouri desaprobado en un prueba sobre cómo aplicar el “todo vale” y siempre pasar solapa, Vargas Llosa desaprobado por no saber explicar cómo se hace una novela.

Cómo no va a ser raro y sospechoso que el fiscal Guillén haya desaprobado la prueba para ser fiscal supremo, cuando esta consistió en comentar un caso, asumiendo el rol de –valga la redundancia– fiscal.

Para comenzar, Guillén tiene ¡30 años de fiscal!

Y ya viene desempeñándose como fiscal supremo, solo que en calidad de “provisional” (ahora es fiscal titular en el nivel superior), por lo que es lógico que quiera “titularizarse” como fiscal supremo.

Entre otras cosas, para tener mayor independencia pero, sobre todo, para no estar por debajo de los que hace tiempo vienen ascendiendo sin ninguna dificultad, pese a tener menos méritos y hasta puntos en contra, por los que están siendo investigados nada menos que por el propio Guillén, quien ahora está encargado del control disciplinario de todos los fiscales.

Qué más prueba de lo bien considerado que está en su propia institución, que haber sido nombrado jefe del órgano de control disciplinario por el conjunto de fiscales supremos, incluida la Fiscal de la Nación.

¿Alguien puede dudar de la calidad profesional de Guillén después de su desempeño en el juicio en el que Fujimori terminó condenado a 25 años, el que todos pudimos ver a través de la televisión durante las muchísimas audiencias que duró dicho juicio? ¿No fue su actuación decisiva para la referida condena?

Y el fujimorismo no ha sido el único caso de importancia en el que le ha tocado participar. Se trata tal vez del fiscal que más casos relevantes ha llevado en materia de derechos humanos y de anticorrupción; todos ellos ganadas, es decir, concluidos con condena.

Guillén debe haber sido el primero en sorprenderse cuando leyó el examen y se encontró con que el caso escogido para evaluar a todos los postulantes era casi idéntico a uno que él llevó como fiscal en la vida real. Se trataba del caso que se origina con el primer vladivídeo, el de Kuori-Montesinos, por el que ambos terminaron condenados, en parte gracias a Guillén.

Hasta se puede haber preocupado por tener una ventaja comparativa en relación a los otros postulantes que no habían participado del caso.

Pero Guillén jaló. Sacó 45 cuando la nota aprobatoria mínima era de

66.6. Otros treinta y cinco postulantes a jueces y fiscales supremos también desaprobaron, aunque un buen número logró pasar: cuarenta y cuatro.

¿Se puso nervioso como la vez anterior? ¿Sufrió de un ataque de pánico o de amnesia? ¿Buen orador pero muy mal escribidor? ¿Se bloqueó? ¿Fue víctima de brujería por parte de tanto condenado? ¿No calculó bien su tiempo? ¿Sabía tanto que no pudo organizar sus conocimientos? ¿Trasnochó en la víspera como aquel irresponsable general vinculado a los sucesos de Bagua?

Todo esto le puede pasar a cualquiera pero, ¿al punto de pesar más que 30 años de experiencia y que todos los conocimientos y habilidades ya demostradas durante toda una vida y en el caso mismo? Puede pasar, pero es difícil, casi imposible.

Pero en cualquier caso, ver para creer. Si Guillén merecía ser jalado en el examen, no quedaba más que hacerlo, sin importar que se trate de uno de nuestros fiscales estrella.

Pero para que no se sospechara que se estaba cometiendo una injusticia, basada en hilos que podían haber movido quienes habían sufrido los efectos de las habilidades de Guillén (corruptos y violadores de derechos humanos), era obvio que el CNM tenía que dar una explicación convincente y con pruebas irrefutables.

Fácil: este es el examen, y miren lo mal que respondió Guillén. Asunto terminado.

Sin embargo, el fiscal que supuestamente debería estar avergonzado por haber dado un pésimo examen, se atreve a salir a la opinión pública y denuncia venganza política contra él. Exige que se muestre el examen, porque él está seguro de haberlo dado bien.

En cambio, quienes dicen que no hay ninguna presión política, sino simplemente un pésimo examen, se niegan a hacerlo hasta antes de declarar la nulidad del concurso, lo cual aumentó la sospechas y especulaciones.

DESDE EL COMIENZO SE DEBIÓ PUBLICAR LAS RESPUESTAS DE LOS EXAMENES

Los integrantes del CNM fundamentan su negativa en el hecho de que constitucionalmente sus decisiones son inimpugnables, y que bajo ese principio en el reglamento de selección y nombramiento de magistrados se dice que las calificaciones de los exámenes rendidos en los concursos convocados por el CNM son irrevisables.

Pero se trata de un reglamento aprobado por ellos mismos, aunque es cierto que lo hicieron luego de cumplir con colgarlo en su página Web para opiniones, por lo que hay que reconocer que a todos se nos pasó el punto.

Lo cierto es que ocurrido el problema debieron aplicarse determinados propicios y dispositivos en mayor rango. Lo que es inimpugnable a nivel del CNM son sus decisiones finales y no todos sus actos, como puede ser la calificación de un examen.

Por otra parte, ya hay varias sentencias del TC que entran a revisar decisiones que en principio son irrevisables por mandato de la Constitución (algunas del mismo CNM), considerando que solo tienen ese carácter siempre y cuando no hayan violentado de manera inequívoca derechos fundamentales.

El derecho a conocer por qué uno ha resultado jalado en un concurso público y tener la posibilidad de pedir una recalificación o reconsideración, es un derecho básico de sentido común.

Se negaban a enseñar el examen diciendo también que si lo hacían en un caso, lo tendrían que hacer ante todo reclamo similar ¿Y por qué no podría ser así? Más bien debería serlo. Reiteramos, nuestra propuesta es que en el futuro todo postulante debería saber con qué criterio ha sido desaprobado.

Introducir este derecho (garantía) no haría de los concursos algo inmanejable, puesto que solo en el caso de supremos se toman preguntas de desarrollo, mientras que en los otros niveles son preguntas para marcar.

Al comienzo los miembros del Consejo a cargo del concurso se negaron hasta a informar sobre los nombres de los juristas a los que se les había encargado la elaboración y corrección del examen. Juristas sin rostro y sin nombre, porque si no “ podrían ser objeto de presiones, de amenazas o represalias.”

Con ese criterio deberíamos tener también congresistas, jueces, ministros, rectores, profesores, etc., todos sin rostro y sin nombres. Porque todos pueden ser objeto de presiones, amenazas o represalias.

Se podría aceptar la reserva hasta antes de que se rinda el examen, para que puedan trabajar más tranquilos, pero después de corregidos, otro derecho (garantía) que deberían tener los postulantes y el país en general, es poder conocer los nombres de los juristas escogidos. Y de esa manera se evitan las sospechas y especulaciones.

Prueba de ello es que cuando IDL (Justicia Viva) descubrió y dio a conocer los nombres de dichos juristas, la presencia en el grupo de alguien como Raúl Ferrero tranquilizó un poco el ambiente. Buen jurista, comprometido con la reforma y hasta víctima de Fujimori como congresista en 1992.

Pero al mismo tiempo comenzó el debate sobre si al penalista Mario Amoretti se le debió encargar la elaboración y corrección de los exámenes en materia penal, cuando él es un litigante que ha llevado varios de los últimos casos de corrupción y de violaciones de derechos humanos, enfrentándose procesalmente a los fiscales, a quienes ahora se los encontraba como postulantes y sujetos a su evaluación, como es el caso precisamente de Guillén.

¿No hay más bien un conflicto de intereses?

Si bien los exámenes que se tomaron fueron en principio anónimos (entraron a la corrección con código de barras), no se puede descartar totalmente que se pudiera conocer o reconocer de quién era la prueba.

No hay duda de que estamos ante un penalista reconocido y de prestigio; lo cierto es que él y los otros abogados de su estudio han llevado varios casos relacionados con violadores de derechos humanos y personas procesadas por corrupción.

En materia de derechos humanos ha sido, por ejemplo, abogado del principal acusado en los casos de Pucará, los desaparecidos de la Universidad del Centro y torturas de Leonor La Rosa.

En materia de corrupción se ha desempeñado como abogado de Alberto Venero, conocido como el cajero de Montesinos. Él sostiene que este hecho no es cierto. Pero en nuestros registros está que él lo asesoró en su colaboración eficaz y en otros procesos penales. Recordamos hasta las escenas de televisión donde se veía a ambos juntos. Investigaremos la situación y nos ratificaremos o retractaremos.

Pero también ha sido asesor de José Portillo, ex jefe de la ONPE y Luis Bedoya de Vivanco. En este último caso, con Guillén al frente, porque él era el fiscal, y la acusación pudo más que la defensa de Amoretti, ya que el caso concluyó en condena.

Sus socios del Estudio son los abogados Roy Frey, padre e hijo, quienes también han patrocinado casos del mismo tipo, tales como el de Calmell y Luccetti, y quienes en la actualidad patrocinan nada menos que a Rómulo León Alegría.

No es ilegal llevar este tipo de casos, por más que en ellos la grave responsabilidad penal salte a la vista, y haya quienes por eso mismo prefieren evitarlos.

El problema es que el haber llevado estos casos ha determinado que permanentemente Amoretti haya estado en la orilla opuesta a la de Avelino Guillén.

Mientras que Guillén como fiscal, una vez que investiga y formaliza denuncia busca probar el delito, Amoretti, en su rol de defensor busca lo contrario: que se absuelva al procesado.

No hay duda de que Avelino Guillén, al haber sido el fiscal acusador en muchos casos de derechos humanos y de corrupción (incluidos los de Fujimori en ambas materia), se ha convertido en un símbolo de la lucha del Estado contra la impunidad en este tipo de delitos.

¿Cuánto puede haber influido en Amoretti, consciente o inconscientemente, todo esto a la hora de corregir un examen que aunque no supiera que era de Guillén, contenía un razonamiento como el de él? Amoretti tiene libros conocidos donde sostiene puntos de vista sobre, por ejemplo, la prueba, muy distintos a los de personas que piensan como Guillén.

Es cierto que el examen fue anónimo, pero justamente el tipo de razonamiento que debe haber hecho Guillén sobre el caso Kouri-Montesinos, absolutamente en la línea anticorrupción y pro derechos humanos, podrían haber permitido su identificación.

También es cierto que sería absurdo sostener que es inexorable que quien ha sido abogado defensor se vengue del fiscal al que se ha enfrentado en determinados procesos, desaprobándolo arbitrariamente en el examen. Siempre cabe la posibilidad que la talla de jurista prime sobre ese tipo de actitud tan arbitraria, mezquina y que –era fácil de prever– tarde o temprano generaría un escándalo, como el que ha ocurrido.

A favor de la hipótesis de que Amoretti no jaló en venganza a Guillén, es que quien sugirió al Consejo su nombre, Raúl Ferrero, no sólo es un jurista reconocido, sino que siempre ha estado en contra de Fujimori, quien presidió el régimen que ha generado la gran parte de casos de corrupción y de derechos humanos que se están juzgando. Ferrero ha sido hasta víctima del golpe del 5 de abril, ya que era congresista cuando el dictador decidió disolver el Congreso.

Sería absurdo, entonces, pensar que Ferrero sugirió el nombre de Amoretti para perjudicar al fiscal cuyo papel fue decisivo para la condena de Fujimori a 25 años. Prueba de que Ferrero está seguro de su actuación es que ha sido uno de los primeros en firmar el pronunciamiento que está circulando a favor del fiscal Guillén.

Amoretti niega rotundamente que haya reconocido el examen de Guillén o que lo haya desaprobado por no coincidir con sus puntos de vista. Invoca el hecho de que esta no es la primera vez que corrige exámenes en concursos del CNM , y que una vez jaló hasta a su hija, sin saber que era ella.

Sin embargo, no se puede negar que a fin de evitar toda suspicacia o conflicto de intereses, hubiera sido mejor que fuera otro el penalista que corrigiera las pruebas de los fiscales y en especial la de Guillén.

El Consejo debió percatarse de ello y pedirle a Ferrero otros nombres que no tuvieran ningún tipo de incompatibilidad. Con el criterio seguido podría haber sido hasta Nakasaki el escogido para evaluar a los postulantes, entre ellos a Guillén.

SEÑORES Y SEÑORAS CON USTEDES EL EXAMEN DE GUILLEN…

¿ Ir o no ir a la invitación que nos tomó por sorpresa ? Todos los del CNM, incluidos los que siempre criticamos, nos invitaron a ser veedores de la apertura de la caja de seguridad donde estaban los exámenes de los postulantes, incluido el de Guillén, a realizarse el jueves 25 .

¿Cómo, no era que habían sido incinerados? La verdad es que nunca creímos la explicación. Para nosotros siempre fue como cuando las autoridades del Ministerio de Defensa- civiles o militares- contestan que no pueden dar información de lo que los jueces piden sobre determinadas violaciones de derechos humanos, porque no existe; claro que existe, solo que no la quieren dar, porque no están dispuestos a esclarecer la verdad.

Decidimos ir, en primer lugar, porque hay consejeros en los que todavía confiamos y que pueden haber cometido errores, por la complejidad de sus funciones, pero creemos que no se prestarían a incorrecciones y menos a vincularse a hechos ilícitos. Y en segundo lugar, porque habría sido una incoherencia de nuestra parte, que veníamos pidiendo la exhibición de los exámenes.

Fuimos , y, después de los resultados, creemos que hicimos bien en ir.

Cuando llegamos estaban los consejeros Delgado de la Flor, Carlos Mansilla y Max Cárdenas. Anaya por razones obvias no podía estar y Vega estaba allí, pero seguro prefirió no vernos ee hizo bien, porque inmediatamente le hubiésemos preguntado cómo así se presentó en el programa de Jaime de Althaus diciendo que no había razón para anular nada ya que todo había sido impecable, cuando ya ese día él conocía la denuncia contra Anaya, y a los pocos días fue de nuevo la programa a anunciar a la nulidad del concurso, incluso antes de que se adoptara por consenso.

También estaba una fiscal especializada en prevención de conflictos , el encargado de DDHH del Colegio de Abogados de Lima, funcionarios del CNM relacionados con el tema y dos representantes de la RENIEC quienes habían estado encargadas de poner en los exámenes el código de barras , y luego descifrar a quiénes pertenecían.

Estuvo también alguien importantísimo en todo esto: Mario Amoretti, el conocido penalista , que había elaborado el examen penal, y corregido todas las respuestas en la materia .

Su sola presencia y disposición de contestar cualquier pregunta, fue considerado por nosotros punto a su favor. Aunque reiteramos nuestra convicción de que hubiera sido mejor buscar un penalista no tan metido en su calidad de abogado defensor , en los casos que actualmente están viendo los jueces y fiscales que él debía evaluar. Casos como el que él mismo escogió como base del examen, el de Kuri y Montesinos, en el que Guillén- como ya hemos dicho- fue el fiscal que lo impulsó.

Antes de comenzar la diligencia de sacar los exámenes de la caja de seguridad, solicitamos hacer una conjunto de preguntas que nos sirvieran para aclarar la secuencia de hechos desde que cada postulante dio su examen, hasta que el conjunto de exámenes se guardaron en la caja a abrir, pasando obviamente por la etapa de la corrección .

Todos los consejeros y el abogado Amoretti aceptaron y fueron respondiendo nuestras preguntas. Ver al final el recuadro donde sintetizamos los principales hechos que se desprenden de las respuestas a nuestras preguntas. Hecho que reconocemos y agradecemos, porque es un gesto más de transparencia y buena voluntad.

Posteriormente, se pasó a sacar los exámenes que estaban guardados en una caja que estaba sellada con cinta adhesiva y guardada en un archivador con llave, el mismo que esta ubicado en la Gerencia de Selección y Nombramiento.

Asimismo, pasamos a sacar las hojas de identificación que estaban guardadas en una caja fuerte con llave ubicada en la Secretaría General del CNM.

EL EXAMEN DE GUILLEN EN NUESTRAS MANOS, FRENTE A FRENTE CON EL EVALUADOR

¿ Qué pasó luego ? Vayamos directo al final: llegamos a tener en nuestras manos todos los exámenes penales, entre ellos el de Guillén, y pudimos así revisar rápidamente las notas y sus contenidos .

El primer punto indispensable para nosotros es que Guillén reconozca que el examen que pudimos ver (ya está colgado en la página del CNM : www.Consejo Nacional de la Magistratura ) es efectivamente su examen ( No hemos podido hablar con él porque está fuera de Lima ) .

No hay nada que nos haga suponer que no lo sea , y si bien, por lo que se nos narró sería muy difícil una suplantación de examen , como no hemos sido testigos directos de cada paso , creemos que eso debe hacer Guillén.

Nosotros fuimos testigos de que cuando las funcionarias de la Reniec pistolearon los códigos de barras puestos en las hojas de identificación, separadas del ensayo ( donde estaban las respuestas a la pregunta teórica del examen ), separada a su vez de los comentarios al caso, en uno de los cruces apareció el nombre de Avelino Guillén y las notas que se le habían puesto.

Si Guillén lo reconoce no hay problema, y si dice que no, sería un nuevo y grave problema que habría que investigar.

CRITICAS Y CUESTIONAMIENTOS.

Pese a la transparencia y cordialidad con la que se llevó la reunión , no podemos dejar de mencionar una serie de hechos que llaman poderosamente la atención y que juegan a favor de Guillén, en el sentido que debió ser aprobado .

Sin saber todavía de quiénes eran los exámenes, nos percatamos de que en todos se podía percibir una primera nota a lápiz, y encima una segunda nota con lapicero que era la nota final.

Amoretti reconoció a simple vista que las notas que aparecían en los exámenes eran las puestas por él y que efectivamente primero puso una con lápiz , y luego de discutir con los otros dos juristas a cargo de corregir los exámenes de las otras especialidades, puso con lapicero la nota final.

Comenzamos a revisar y vimos que en la gran mayoría de los casos la nota en lápiz era subida en uno, dos y hasta tres puntos; en otras pruebas dicha nota se mantenía , y solo en unos pocos exámenes la nota a lápiz era bajada.

Y entre los exámenes que pudimos identificar se les había bajado la nota, vimos que en dos o tres eran uno, dos o máximo tres puntos menos, salvo en uno en el que se notaba que se le había bajado nada menos que 12 puntos: de 57 a 45.

Cuando ya se identificaron los nombres, resultó que este examen al que se le había bajado esa gran cantidad de puntos era precisamente el de Avelino Guillén.

Los dos del IDL habíamos revisado rápidamente todos los exámenes, aunque con la premura que la diligencia exigía inevitablemente (estuvimos desde las 11 am. hasta las 3:00 p.m.) , y solo encontramos uno al que se le había castigado drásticamente en relación a la nota original, y ese resultó ser el de Guillén.

Cuando inicialmente vimos este examen sin saber de quién era , otra de las cosas que nos llamó la atención fue que habiéndosele puesto una nota tan baja (45 sobre 85 ) , y además habiéndole bajado los 12 puntos mencionados, el examen no tenía ningún tipo de marca o anotación de quien corrigió el examen, es decir del doctor Amoretti. En el examen de Guillén no hay ninguna marca , comentario o anotación: absolutamente nada.

Esta falta del más mínimo comentario o señal que permitiera identificar qué parte era considerada por el evaluador positiva o negativa , se daba en un grupo de exámenes en los que solo aparecía la respuesta del postulante y la nota . En otro grupo de exámenes pudimos percibir que aparecía uno que otro subrayado con lápiz de alguna línea, o se marcaba un párrafo al costado , o máximo se ponía un signo de interrogación que generalmente tenía que ver con una falta ortográfica.

La única anotación importante que encontramos fue una que aparecía en la carátula de un examen y que decía : descalificado por haber puesto al interior su nombre. Sin embargo, aun así, al costado había una calificación ¿cuál? la misma que se le había puesto a Guillén: 45.

LAS INSUFICIENTES EXPLICACIONES DE AMORETTI

Obviamente comenzamos a formularle al profesor Amoretti las preguntas que correspondían.

Una primera : ¿cómo era posible que solo se pusiera una nota (fuera alta, intermedia o baja) sin ninguna anotación o fundamentación de parte de él, cuando en cualquier examen, casi es regla universal poner algunas señales de lo que está bien , mal, equivocado , acertado, etc ..

Él contestó que ese había sido el acuerdo con el Consejo, y que siempre se había procedido así.

Le dijimos que en algunas reuniones se había hablado de que cada examen tenía un pequeño informe en el que se fundamentaba la nota que se había puesto, pero negó rotundamente que se hayan elaborado estos informes. No entendemos entonces por qué algunos consejeros en otra reunión dieron esa información .

Sobre el cambio de nota, entre la puesta con lápiz a y la nota final con lapicero, reiteró que eso ocurrió luego de intercambiar ideas con los otros dos correctores. Y en base a esa discusión es que debe haberse decidido bajar los 12 puntos en ese examen, que después resultó siendo el de Guillén.

Pero lo raro es que - y así se lo expresamos - los otros dos correctores, ambos muy respetables , no son penalistas. ¿Cómo explicar que los comentarios de dos no penalistas hayan hecho que se bajen 12 puntos, en una nota puesta por un muy reconocido penalista , el profesor Amoretii? Obviamente no tiene sentido.

Si no se le bajaban los 12 puntos, Guillén tampoco alcanzaba el puntaje que necesitaba para pasar el examen . Pero si a la vez que no se le bajaba, se le subía varios puntos como a muchos otros , allí sí podía haber aprobado . Pero más allá de este tipo de cálculo , resulta raro que se haya calificado bajo y encima se le bajara un montón de puntos, como a nadie, sin ninguna explicación , y cuando la argumentación expuesta daba para una mucho mejor nota, tal como pasamos a explicar.

Lo segundo que le preguntamos a Amoretti, en presencia de los consejeros, es que nos explicara con el examen de Guillén en la mano, las razones por las que le había puesto una nota desaprobatoria y tan baja a ese examen.

Las calificaciones dependían – según nos dijo – de la calidad de la argumentación jurídica, en primer lugar. En segundo lugar, ya refiriéndose concretamente al examen de Guillén, luego de revisarlo rápidamente, a que hubiera cumplido con responder, en el caso de los fiscales, haciendo un dictamen, y en el de jueces, bajo la forma de un fallo o sentencia, tal como lo estipulaba la pregunta

“¿Acaso esto es un dictamen? “, nos preguntó, pasándonos el examen de Guillén.

Y como Guillén, no había hecho exactamente un dictamen (lo que había hecho era redactar los fundamentos jurídicos que debía contener el dictamen, precisando explícitamente el sentido en que éste debía concluir), allí estaba su explicación de la desaprobación.

Sin embrago, los dos del IDL nos pusimos nuevamente a revisar los otros exámenes, y rápidamente encontramos por los menos doce que habían seguido el método de Guillén, es decir, explicar los fundamentos y el sentido del dictamen, pero sin darle la forma exacta de dictamen. Y, no obstante ello, esas pruebas tenían notas aprobatorias y hasta altas.

Cuando le enseñamos estas pruebas al profesor Amoretti, él volvió al aspecto de la calidad de la argumentación jurídica, como elemento fundamental que explicaba la diferencia de notas. Abandonó, así, la exigencia de que si no tenía la formalidad de un dictamen, tenía que ser necesariamente descalificado.

Sobre la mencionada argumentación jurídica, nosotros señalamos a los presentes que de lo que habíamos podido revisar, no habíamos encontrado una clara diferencia entre lo redactado por Guillén y lo que habían contestado otros que habían aprobado o sacado muy buenas notas.

No hubo de parte de Amoretti una sustentación de los puntos en que, según él, Guillén se había equivocada de manera evidente o que hubiera omitido siendo fundamentales. Solo en un momento dijo que Guillén repetía mucho las partes que eran el planeamiento del caso y que solo después comenzaba en realidad a contestar. Pero esa recapitulación de los hechos del caso la encontramos en casi todos los exámenes, ya que es la manera de ir construyendo la respuesta.

La discusión terminó cuando él se limitó a ratificar que las calificaciones las había puesto de acuerdo a su criterio, sin saber de quién era el examen.

¿Pudo el profesor Amoretti saber que se trataba del examen de Guillén? El lo ha negado una y otra vez enfáticamente. Señalando además que él es amigo de Guillen y tiene un excelente concepto de él.

No tenemos una prueba fehaciente para decir lo contrario. Las únicas posibilidades de que él lo pudiera saber, es que haya reconocido una particular línea de fundamentación, o que alguna de las dos personas que tipearon y embolsaron el examen de Guillén, hayan encontrado la manera de marcar la bolsa o el examen por algún interés en contra de Guillén. Hipótesis demasiado maquiavélica sin lugar a dudas.

Pero más allá de si fue así o no, o del cómo o el por qué, lo que hemos narrado son hechos objetivamente criticables en cualquier examen, y más en uno tan importante. Cuestionamientos que permiten afirmar que – más allá de cualquier motivación - la evaluación ha sido bastante subjetiva.

En efecto, luego de leer rápidamente varios exámenes, algunos con muy buenas notas y otros desaprobados, la principal sensación que nos quedó fue que la corrección de este tipo de examen, dado por personas que en su mayoría conocen la materia, es bastante subjetiva.

Todos señalan casi los mismos tipos penales, destacaban hechos y fundamentos parecidos y opinaban más o menos en el mismo sentido. En términos generales en ese momento nos fue muy difícil identificar diferencias tan evidentes y significativas que justificaran ponerle a uno una nota muy alta, y a otro descalificarlo, con una nota bajísima.

El tipo de caso y de preguntas se prestaba a un alto grado de subjetividad a la hora de corregir, a no ser que se cometiera errores garrafales, algo que notamos en muy poco exámenes, y que no es ni lejos el caso del examen de Guillén.

Juzgue usted mismo. El CNM se ha comprometido a colgar todos lo exámenes. Vea si realmente hay diferencias muy grandes entre los exámenes (salvo en algunos, a los que después nos referiremos, por ser otra cosa rara), y si realmente Guillén merecía 57, y que encima se le bajara la nota a 45. Nosotros creemos que no. Que, como Guillén ha venido sosteniendo, merecía ser aprobado, con una nota mucho más alta.

Y no llegamos a entender cuáles pueden ser los criterios utilizados por Amoretti, ya que, nos parece una grave omisión que no haya puesto marcas o comentarios que den una pista de qué partes estuvieron muy bien, bien, regular, pésimo, equivocadas omisiones, etc. El CNM debió incluso exigir que cuando se desaprobara a alguien, se emitiera un pequeño informe explicando la principales razones. Es lo mínimo que corresponde frente a cualquiera que rinde un examen, pero más si se trata de quien está postulando nada menos que a vocal y fiscal supremo.

Nos da la impresión de que en gran parte se procedió así, asumiendo que nunca se tendría que mostrar los exámenes, como fue en otras oportunidades. Esta vez, como el concurso fue declarado nulo, ya no había ninguna razón para intentar justificar legalmente que los exámenes no podían ser exhibidos al no poder ser revisados. Mantener la excusa de que ya habían sido incinerados aumentaba la sospechas y podía derivar en una situación inmanejable para el CNM

LOS CONSEJEROS DEBEN SER LOS RESPONSABLES DE LA EVALUACION Y NO LOS JURISTAS DE APOYO

Hay otro elemento que nos parece igualmente cuestionable y que en esta diligencia pudimos verificar.

No nos parece conforme a ley, y menos convenientes, que el conjunto de consejeros se hayan desentendido por completo de la elaboración del examen y su corrección.

Según Delgado de la Flor, ni él, que era presidente de la Comisión de Evaluación, sabía quiénes eran los otros dos que elaborarían y corregirían los exámenes . Que cuando Ferrero intentó decirle los nombres, él le pidió que no lo hiciera. Tampoco revisaron y discutieron si la pregunta y el caso escogido eran adecuados, y ni siquiera leyeron las respuestas o discutieron sobre las notas. Todo dependió – según Delgado de la Flor – de un jurista seleccionado, y de quines él llamara para que lo apoyaran.

Una versión contradictoria con lo que sostiene Raúl Ferrero, quien en varias oportunidades ha dicho que el papel de él, solo fue y puede ser el de sugerir nombres, que pueden ser aceptados o no; sugerir un examen; y poner notas frente a las que podría ser llamado a sustentar .

Y tiene razón, porque los juristas convocados a apoyar no son los Consejeros, y son éstos los obligados a tomar la decisión final en cada etapa, y tener la capacidad de sustentar los resultados.

Es cierto que no es exactamente una tercerización, como lo era antes, cuando se contrataba a una universidad ( a la UNI muchas veces, aunque no tenga mucha lógica ), porque se trata de juristas convocados y contratados por el CNM, pero sí significa desentenderse por completo de la evaluación de los conocimientos.

Por esto mismo, debieron asegurarse, hasta por una cuestión de apariencias, de que no hubiera ni el más mínimo conflicto de intereses entre los evaluadores y los postulantes

Hay un último elemento que a los dos profesionales del IDL nos llamó la atención y nos preocupó Vimos algunos exámenes que estaban redactados y formulados de manera absolutamente impecable, en forma y fondo. Parecía un dictamen escaneado de un expediente verdadero. Esto lleva a la pregunta ¿es posible que el examen se filtrara previamente? Los consejeros dicen que es imposible. Pero también dicen que nadie sabía que era Ferrero el encargado del examen, pero él mismo ha dicho, que aun gurdándose la reserva frente a su nombre (algo con lo que, además está en desacuerdo, porque cree que no hay razón para ello), éste se filtró, y por eso hasta recibió varias llamadas de personas que pretendían ayudar a determinados postulantes.

Corren rumores al respecto, pero no estamos en condiciones de afirmar nada. Pero habría que investigar bien el asunto, tanto por el hecho de que algunos candidatos verdaderamente impresentables pudieron llegar incomprensiblemente a la tercera etapa , como porque habiéndose descubierto que había un Consejero que pretendía cobrar por determinadas ayudas, tal como ha denunciado El Comercio, y viene investigando el Congreso, no se puede descartar totalmente .

Nuestra conclusión es que Guillén tenía razón en decir que había sido desaprobado injustamente, y que la exhibición de los exámenes , y el suyo especialmente , demuestra deficiencias y cuestionamientos en el proceso de evaluación que lo perjudicaron , sin que nadie pueda dar explicaciones los suficientemente contundentes para descartar por completo las sospechas planteadas por él.
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Autores : Ernesto de la Jara y Antonio Salazar , IDL (JV) .

Instituto de Defensa Legal.