jueves, 30 de junio de 2011

Retórica de un regreso


Los tiempos han cambiado, antes hasta los pasajes de viaje interprovincial dependían de mis padres o de mi valor, de mis padres cuando éstos cobraban y yo podía viajar, de mi valor, que más se acerca a locura, a veces, cuando no me importaba tirar dedo en la carretera por ir a ver a alguien; ahora generalmente, dependen de mi voluntad de ser feliz al lado de quienes aprecio, respeto y/o amo, gracias a Dios.

Sentado, hoy en un avión cierro mis ojos y agradezco a Dios que me permita viajar de modo diferente y ya no en bodega de ómnibus como alguna vez lo hice. Mi primo, no se da cuenta, hemos coincidido en el mismo vuelo rumbo a nuestra tierra, por lo que veo no está pensando al igual que yo de modo nostálgico algunos periplos relacionados a los viajes, sin embargo hay un sentimiento en común...la felicidad provocada por el hecho poder ver en unas horas al valle que nos vio nacer.

Estamos chévere kokiudo! Como siempre, mi primo Manuel Tarrillo, más conocido como matabu, entablaba una conversación siempre a su estilo, amena pero a full cochineo. Bien primate rumbo a la tierra! manifesté, me quité el saco y procedí a sentarme, no obstante todo no era felicidad, me percate de la asistencia masiva de muchos paisanos, aficionados a los toros, pero también a la pana, a la finta.

El avión cursaba nubes disipadas en agua, pero yo disipaba en angustia, no es del todo mi agrado viajar en avión, imagínense pasar de a pié a mula, de mula a camión, de camión a combi, de combi a couster, de couster a ómnibus, recién a la vejez avión, medio que te choca.

Matabu, ni se inmutaba, lo chequeaba de reojo, y ahí estaba ese perfil griego mezclado con chugurano, pero carajo la misma sonrisa que la mía, una sonrisa plena, en verdad estábamos contentos.

Llegando a Cajamarca, matabu, me tenía una sorpresa, mi amigo Manuel Tam, más conocido como el “sayonara…¿trampeamos?”, nos esperaba en su camioneta. Luego de subir a su nave nos agasajó con un suculento almuerzo, y previa afinación celera de sus negocios con sus proveedores (porque eso sí, el gordo mueve bien la bola financiera), procedió a enrumbarnos a la tierra de la flor del chot.

Previo a esto llamé por celular a mi gran amigo Iván “la bala” León, a fin de que éste nos acompañase; no pudo, al parecer “el enemigo” o sea la esposa no estaba de acuerdo, sin embargo, a pesar de extrañarlo en toda la estadía que posteriormente tendría en chota, me alegró constatar que más que todo lo retenía el amor por su hijita, mi sobrina.

Durante el transcurso del viaje, circularon recuerdos de los buenos tiempos relacionados básicamente con la joda, la amistad, la juerga, un poco de política, entre otros, pero eso sí esa camioneta además que pesaba por la masa física de su conductor, tenía un peso musical único, aquel vehículo proveía una ensalada musical deliciosa, aquella que va desde un “Zoom” de Cerati hasta esa peculiar canción “ no llama, ella no llama, no llama como la espero” de un tal Silverio Florentino Urbina – creo -. Mi cumpa Tam, se había preparado, no había duda. En el viaje, lo único áspero es avizorar chota pero demorar en llegar a ella, ello solo se puede comparar con la angustia que tienes en llegar temprano a una cita con la mujer que eres cómplice de infidelidad hasta en los sueños.

Mentiría, si les dijera que al contemplar Chota, no pusimos a cantar “el cholo chotano”, no fue así. No hubo mejor canción que “mi niña veneno” de Richie para contemplar con mucha emoción el ingreso al corazón del acunta, ésta canción además de ser una de las más traducidas en el mundo, en nuestro idioma traducía la llegada de tres profesionales que alguna vez fueron “estudiantes”, llenos de sueños, sueños que generalmente en ese tiempo tienen que ver con lo profesional o con el amor por alguien.

Ni el cigarro Hamilton verde, de esos amariconados mentolados que fuma mi compadre Tam, pudieron evitar que huela esos chicharrones de chancho recién pelado, olí algo de llonque y cerveza también, pero la verdad tenía más hambre, que sed. Al vuelo chapé una porción en bolsa, nos acicalamos como pudimos tanto matabu como yo, a excepción de Manuelito Tam, éste se tomó su tiempo, lo cual ya ocasionaba epilepsia en la garganta de matabu, y acides en mi estómago…queríamos llegar a San Juan Pampa. La ansiedad nos llevó a subir a una moto taxi, para desgracia me senté entre ambos, era como estar entre mercurio y Plutón, el contrapeso era tal que a cien metros de la meta, la mototaxi se volteó por el barro, fue leve, no importó habíamos llegado a chota, habíamos llegado a San Juan Pampa, y ahí estaba mi gente, mi raza, mis hermanos, mis amigos y un castillo, en medio de aquel vallecito de colores, como suele decir un amigo.

Al primero que vi fue a Dante (el “fierro”) mi gran amigo y compañero de primaria, al saludarlo saludé de un modo u otro a mis amigos de la infancia“los ninjas” (el gordo Edwin, Jimy, Lenin, Jairo) con los cuales alguna vez quemé una choza cerca al Colegio San Juan, quien precisamente cumplía 150 años de fundado. Saludé a Leovigildo, hoy “Ever”; mi compañero de cuarto durante el tiempo de la universidad, se había casado y como no siempre la mujer del estudiante llega a ser la esposa del profesional, estaba feliz por él, eso es bueno, es a veces único.

Estaban, Luchín, Larry, Gustrago mis hermanos del alma (mis verdaderas puntas en mis viejos tiempos), Mariototo, la jarrina y compañía; vecinos de barrio en general; no obstante mi felicidad de verlos, buscaba entre la gente a quien es mi norte, mi hermano Alex “el zorro” (para los amigos), aquel hermano como pocos que te pone la pauta en todo lo que es para tu bien, menos en su cariño, el hermano que siempre te quiere aunque estés equivocado en tus acciones. También buscaba a mi hermano Calín, “el negro”, aquel tipo que tiene la ternura de un padre para sus amigos y la locura de un enemigo si lastimas lo que quiere, siempre soy feliz con su ternura de hermano, y aunque no me quiera como su gemelo (coco), soy obstinado en quererlo completamente, mi hermano Carlos es uno de los pocos quienes se puede denominar un buen tipo.

El negro ya se había peleado, lo habían estado molestando un día antes de mi llegada y había actuado; eso sí protagonista principal de ese pequeño conflicto había sido mi compadre Larry, quien al ver la falta de respeto a mi hermano, se había nublado y le había aplicado un rocanrol de puñetes a un paisano; y es que mis amigos andan entre balas por sus amigos, el “batoloco” como lo conocemos, sin haber nacido en chota es más chotano que muchos que dicen serlo.

El olor a pasto y a arena mojada sueles confundirlo con el aroma del amor, solo cuando estás en tu tierra. San Juan Pampa es un torrente de diversión, pero a la vez una armonía que baila al son de unas quenas y del rugir de un río aledaño, en donde bailan las gentes unidas por una cultura, por una identidad, por el amor a un colegio (y por el respeto a dicho centro educativo para quienes no estudiaron en él), así como por la devoción a nuestro patrono San Juan.

De San Juan Pampa, a la plaza, frente a un hotel que no me gusta desde niño, improvisamos una base o área de ubicación amical, a la vuelta estaba la “puerta azul” aquella cantina que como dice la propaganda de Polistel “se mantiene joven aunque pasen los años”, de esa puerta ha salido toda la cerveza consumida por la plaza de armas, ésta cantina y la del “Maestre” estaban en una competencia pero sin oferta, ambas cantinas ponían su precio, y sus clientes- o sea nosotros, solo el billete, el vaso, el gusto y la garganta.

De la plaza a la “quinta Richard”, local de diversión que no tiene qué envidiarle a la discoteca “Aura” de Lima pues de esta solo se ve el mar y un entorno de opulencia, en la “quinta Richard” todos son iguales, aunque debo admitir que hay algunos que hasta bailando fingen, los que se creen de sangre “azul” hay en todo sitio, ni Chota-el paraíso-se salva de ellos, sin embargo todo eso se alivia cuando te encuentras con la sencillez del buen Robert (mulita para los amigos), hermano de Richy, quien estaba de boleto; aunque hoy se le sale un “ostias” “chaval” “galifardas” por estar en España varios años trabajando, no deja de ser sencillo y buen tipo. También me encontré con mi compadre Héctor Vásquez “el ceviche”, mi amigo entrañable, estaba como siempre bien acompañado: con una cerveza y una buena conversación, no piensen mal.

No me gusta bailar, soy un desastre en ello – creo - y para colmo mi suegro había fallecido hace poco. Mis amigos y hermanos, respetaron mi posición y jamás me exigieron mover el esqueleto en la pista de baile, a pesar de que en la “quinta” destilaron los mejores mix de Vilma Palma e Vampiros, Rock de los 80’s hasta los infaltables huaynos y carnavales de Cajamarca, que a cualquiera le provoca bailar. En aquel lugar me encontré con Jairo, otro amigo de la infancia, el que me enseñó a tocar guitarra, con él siempre es diferente encontrarse, mi madre cuando estudiante vivió en su casa, su padre es amigo del mío y su hermano mayor Oscar “el lápiz” es gran amigo de mi hermano Alex. Para alegría mía se le veía bien y como siempre cordial y educado, como se dice, es bueno ver que ni el tiempo acaba lo bueno en una persona. En suma, en la “quinta Richard” se centró la diversión de noche, aunque solo entré una noche por el resfrío que me dio, sé que es normal pasarla bien ahí…las malas lenguas dicen que eligieron a Manuelito Tam como “la vedette de la quinta Richard”.

De amanecida, se pasa al “albazo”, definido como la conjunción de los borrachos con mejor aguante que a partir de las 5:30 am desean bailar desde la pileta de la plaza de armas a diversas calles, (bueno en la mayoría de los casos), a excepción de alguno(a)s que lo hacen solo con algunas copas, como yo, jejeje. En este Albazo como siempre Calico Ochoa más conocido como “el infiltrado de la promo 88’ del San Juan”, es el más entusiasta. El cansancio ya calaba en el cuerpo y éste exigió su descanso de ley.

Pasado las once horas me encontré con mi primo y cómplice Lalo, quien me llevó a su casa a comer unos cuyes con mi comadre Ingrid, la mujer más importante de su vida-su madre, y el señor profesor Gonzalo Agip- su viejito, a quien con sumo placer dedique una canción denominada “maestro” de Roberto Silva, se la dediqué pues todo colegio si bien depende de los alumnos, la calidad está en manos de los maestros – Gonzalo Agip es un maestro de calidad, así como un gran amigo de mi madre. Debo admitir que vi a mi compadre Lalo algo reservado con el ímpetu, la marcación estaba a full, a excepción de su cariño, Lalo siempre sabe dar muestras a sus amigos de su consideración y ese día no fue la excepción, ahí llego “Kalo Zelada” una de las mejores guitarras de chota y director de la banda del glorioso San Juan, tocamos unas cuantas canciones, la reunión estuvo bacán, pero mejor el cuy que mi tía servía.

Horas más tarde generalmente, la paisanada y visitantes se concentran en la plaza de armas para bajar a la plaza “el toro”, ello como preámbulo para su ingreso a la plaza de toros “el Vizcaíno”, la segunda plaza de lid en el Perú, la diferencia con la de Acho, es que en la de mi tierra los mejores conocedores son Kike y Pedro Alarcón (hijos de mi tío “Faro Cultural” a quien me dio pena no verlo), lógicamente con el asesoramiento de mi amigo Luis Tafur, más conocido como el “Morris”, a propósito este ultimo además de saber de toros, sabe de vaquitas…olé! . Por otro lado, el “vizcaíno” se diferencia de la plaza de Acho, porque en la de mi tierra el principal público es el campesino - el verdadero actor del desarrollo nacional, creo que al último gran general del Perú – Juan Velasco Alvarado- le hubiera gustado morir en mi tierra y que lo velen en el Vizcaíno junto con sus campesinos a quienes dignificó.

En mi caso, no entré a la corrida de toros, no tengo la afinidad por los toros, aunque admire al insigne San Marquino y nobel Mario Vargas Llosa para el cual dicha afición es un arte – para mí no. Preferí estar a las afueras del Vizcaíno con mi banda típica y mis hermanos Carlos y Alex, así como con “el gunga” y mi primo Edgar (matabu chico), el mejor alumno que mi madre ha tenido en Chota: cuenta mi madre que enseñó a William, Matabu, y Edgar: agregaba que “de los tres hermanos, el más estudioso e inteligente era Edgar, el William centrado desde muchacho – inteligente también, pero hay ese Manuel (“matabu”) era duro el cholo, dice que cuando tenía que castigarlo me decía “al sobrino más despacio””, es obvio que mi madre quiere más a Edgar, que Alex estima más a William, pero yo como buen rockero quiero mucho a mi primo matabu.

Bajamos al colegio San Juan a celebrar el 150 aniversario, eran como las 4 pm, los amigos de mi viejo no tardaron llegar, algunos siempre me han caído bien, otros no, y para mala suerte de estos últimos conservo el defecto de ser frontal así es que saludaban y se retiraban. Diferente eran los amigos de la promo 88’ todos amigos de mi hermano Alex, estaban felices entre ellos Alexander Azcarrus el primer puesto del colegio, Miguel, el chato Muñoz, Chumpi, Lili Nuñez, entre otros, no tengo temor a equivocarme que al verlos estoy seguro que mi hermano tiene la suerte de tener amigos de toda la vida.

Estuvimos buen tiempo, para luego regresar a la plaza de armas, tenía que viajar a Cajamarca, mi vuelo de retorno era a las 7:30 am del día siguiente; mis hermanos Alex y Carlos viajarían en la madrugada y tenían que descansar.

Eran las 9:30 pm y al salir de mi tierra, ni el sonido del motor del ómnibus de la agencia Burga distraía mi tristeza, definitivamente cuando sales de tu tierra, es como cuando te despides de tu madre, la mejor comunicación es el silencio y el mejor de los gestos tu respeto.

Cuando me alejaba físicamente de Chota, ratifiqué el hecho de que ahí pertenezco y conmemoro mi engreimiento de ser chotano, soy feliz de saber que allí existen personas que siempre me esperan, a las cuales suelo extrañar, personas que causan en mí un orgullo al estrecharles la mano, abrazarlos y llamarlos mis amigos.