lunes, 11 de julio de 2011

ESQUELA AL CIELO, POSDATA AL INFIERNO.


Facundo mi hermano latinoamericano!

Acá me encuentro consternado por lo que te ha pasado en este mundo profano. En este mundo donde los hombres con sangre de petróleo hablan de derechos humanos y los “representantes de Jesús” en la tierra hablan de un nuevo orden mundial, pero del dinero, del poder y no del amor.

¿Cómo imaginar, que después de cantarle al pueblo guatemalteco en su Teatro Nacional, en donde recibieras las abrumadoras muestras de cariño por parte de los miles de asistentes, que al igual que yo, creen en tu mensaje de paz y amor entre los pueblos, un grupo de desalmados con una descarga letal de municiones te hayan dañado físicamente’?

Y pensar que horas antes habías dicho “somos hijos del amor. La felicidad no es un derecho es un deber porque si no sos feliz al menos estás jodiendo a la gente del barrio”. Y vaya que no te equivocaste, un grupo de infelices, han jodido al mundo con tu asesinato, porque en verdad hasta los malos sentirán tu ausencia. Facundo! Como me duele carajo!. ¡como han hecho con dicho acto escarnio ha esos barrios de corazones que a través de tu música puliste de espiritualidad!, a esos muchachos de pelo largo, que desde sus trece años y en etapa de rebeldía encontraron en ti a aquel viejo sabio con consejos a tener en cuenta, y que nos permitieron enrumbarnos de una manera u otra por el buen camino. Yo fui uno de aquellos.

Respecto mío por ejemplo, atrás quedó aquel muchacho peleado con su viejo…tú me dijiste “ama a tu padre, alguna vez le dio una rosa a la vieja, te lo apuesto”, “perdona a todos y perdónate a ti mismo, no hay liberación más grande que el perdón”. Te hice caso, amo al viejo hasta con sus errores, te cuento que hoy somos grandes amigos, aunque nunca dejamos de serlo. Hoy lo comprendo en muchas cosas. Y de mi madre ni que decir sobran las palabras, mi diccionario no puede definir el amor por la madre, por los hermanos, por la patria. Gracias de corazón.

Hoy suelo usar terno. Ya no tengo el cabello largo, pero no he dejado de ser niño. Hoy encuentro otra razón más para ser feliz con mi oficio - me permite regalarles unos chocolates a mis sobrinos - lo entendí cuando me dijiste eso respecto de tu nieto. Te comento que voy con el mayor de ellos por Ancón, aquel balneario que en tus palabras es más hermoso que el Callao, le suelo comprar chocolates y él me suele pagar con un “te amo tío loco” o cuando me dice de manera espontánea “tío tú y yo, somos los mejores amigos del mundo”, ojala sea también el mejor socio de mis hijos. Tú me prometiste que así sería.

También me dijiste “no te confundan unos pocos homicidas y suicidas. El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que alimentan a la vida”. Trataré de hacerlo, aunque esos disparos han sonado tan fuerte como cuando mataron a Lennon, la diferencia que al hombre de “imágenes”, lo mató un loco; a ti te mataron unos cobardes hijos de puta, peones del dinero.

Cómo te voy a extrañar Facundo. En verdad no te equivocaste al decir que no eras de aquí ni de allá. El mundo te llora. El verso con filosofía está de luto. No me podrán consolar Silvio Rodríguez ni Pablo Milanés, pues ellos también están llorando, así como la trova, como la filosofía, la bohemia, hasta la belleza está triste.

Pero sabes, jamás podrán matar tu mensaje, tú imagen, tu idea de mundo, tú filosofía de vida. Tú eras inmortal, antes de haber muerto. Tu mensaje de Paz, no fue encargado por la UNESCO, eras insigne difusor de ella antes de su designación, pues siempre fuiste un ser humano antes de ser argentino.

Facundo mi hermano latinoamericano, eres espiritualmente pleno. Y te quiero mucho, aunque no me conozcas. Acá sentado en un escritorio del estado, no puedo dejar de prometerte que trataré de ser feliz, y aunque redacte éstas breves líneas con la garganta ácida y con una amargura propia del luto, te prometo que mi vida profana, no me distraerá de mi guitarra, la he vuelto a tocar desde este maldito 09 de julio y le he pedido perdón por sus telas de araña; a solas me ha reclamado porqué no la uso como instrumento de hacer feliz al viejo, a mi madre, a mi compañera, a los muchachos, le he prometido que las cosas cambiarán.

Como tú siempre dijiste, aún existen cosas bellas en el mundo, un asesino como Bush no me puede distraer de la obra de un Lula, el mensaje de Joseph Ratzinger jamás tendrá mi atención como el mensaje de Jesús, la literatura nazi como la del chileno Miguel Serrano no puede distraerme de la literatura que produce el universal Mario Vargas Llosa, la opinión de un Aldo Mariátegui no puede distraerme de valorar a un Hildebrandt, un Dady Yanke jamás del gran Calamaro, un Jaime Bayly no me puede distraer de la verdad, ni me podrá hacer que conciba a la opinión de un periodista como una mercancía, una Abencia Meza no me puede distraer de un García Zarate. Aún hay cosas buenas en este mundo, tienes razón y así exista el riesgo de que cambien, siempre habrá una razón para estar enamorado del mundo, total como decías DIOS no nos prometió días sin dolor, risa sin tristeza, sol sin lluvia, pero él si prometió fuerzas para cada día, consuelo para las lágrimas, y luz para el camino. Aunque ese camino ahora se lleve sin tu presencia física, queda tú mensaje, y mi sobrino sabrá de ti, y sus hijos de él, así como mis hijos, será la expresión más clara de mi cariño, de mi agradecimiento. Te lo prometo.

Facundo, mi hermano latinoamericano, te han matado cobardemente. Cómo imaginar que de aquél inicio hace casi 50 años, en aquel hotel que llegaste a buscar trabajo con tu guitarra del campo a la ciudad y te pusieran en ese escenario improvisado, para ser eterno musicalmente, terminaras en una calle con veinticinco tiros, después de haber sido mensajero de paz. Lamentablemente como diría Luterking, hemos aprendido a volar como pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos. El hombre no solo es depredador de recursos naturales, lo es también de almas.

Perdona, a tus asesinos, porque yo no podré hacerlo, eso es lo único que no te puedo prometer, discúlpame, pero entiéndeme porque te quiero mucho y te extrañaré mi querido Facundo, mi querido hermano latinoamericano.

A los que te amamos, lo que amamos la paz y soñamos con un mundo en donde todos seamos hermanos, nos podrán haber causado con tu muerte una profunda tristeza, pero jamás podrán evitar que te sigamos escuchando, tu voz es eterna y hermosa como tu Mar de Plata, así con nostalgia y pena, en las cuerdas de una guitarra y a veces en el lado triste de un canto siempre habrá un grito que te diga desde aquí hasta el cielo, hasta el parnaso de los universales ¡TE QUIERO FACUNDO!!

Juan José Díaz Guevara.
Perú.


Posdata:

A ustedes cobardes, hijos de puta. Asesinos de mi hermano Facundo Cabral!

Cobardes de las mil mierdas! Han asesinado con sus AK 47 a un hombre cuya arma era una guitarra, a un hombre bueno, a uno de los últimos hombres místicos que quedan en este mundo que pretenden que sea suyo, a su modo y a toda costa. No podrán.

 Pues bien, no se regocijen tanto, lo han inmortalizado más de lo que ya se inmortalizó con su trova, con su canto. Las mentes diligentes siempre sabrán de un Facundo Cabral.

Le he escrito una carta al cielo, y sé que ésta posdata va al infierno en donde los espera el Dios de Bush, Ratzinger y compañía.

Que el dinero que hoy tienen producto de su muerte pueda pagar el dolor que sentirán al llegar al infierno, lo dudo y eso me alegra.

Cabrones por donde se juzgue. Un auto contra tres. Un grupo de fieras contra un cordero, una guitarra contra ametralladoras, una nota musical contra cientos de balas, abusivos cobardes. Malditos mil veces malditos.

Hoy su risa y regocijo, es mi pena y pena de las personas que creemos que es posible ser feliz en la vida sin hacer daño a nadie; pero sé que su mañana, que no será mañana, será tinieblas.

El dolor físico padecido por mi hermano Facundo, es un beso comparado con lo que les espera, el dolor espiritual que tenemos quienes lo amamos, es una angustia comparado al que tendrán.

Sí, eso les deseo a ustedes, vergüenza del hampa, del lumpen, porque hasta en su utópica ley hay códigos que se respetan, como matar al de su clase. Sea el motivo que los llevó a atacar ese auto entre la avenida Bulevar Liberación y la calle 14 de la ciudad de Guatemala, sabían que dentro de ese vehículo había un hombre bueno que no merecía morir así.

Cobardes, hijos de puta, cobardes de las mil mierdas, hijos del Dios de Bush, Ratzinger y compañía.

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