martes, 2 de agosto de 2011

El brillante pensamiento de un psicólogo de derecha.


Recientemente, cuando por recomendación de unos amigos me registré en el conocido portal web “lamula.pe” a efectos de poder difundir ideas que suelo de vez en cuando formular o difundir artículos de terceros cuyos alcances me parecen interesantes, pude leer el artículo denominado “Las brillantes soluciones de la izquierda” por Dante Bobadilla Ramírez (http://lamula.pe/2011/08/02/las-brillantes-soluciones-de-izquierda/xileone/), cuyo perfil resume que es un Psicólogo egresado de la Universidad Inca Garcilazo de la Vega y Docente de la USMP.

La particularidad de sus alcances, hace que haga un alto a mis labores profanas y extienda mis apreciaciones, más aún si se trata de un artículo publicado por alguien que al igual que el suscrito ejerce la docencia Universitaria.

Pero vayamos por partes. Para ésta “mula” (denominación que da el portal a quienes nos registramos en él) “la izquierda es ese segmento político y social que cree firmemente que los problemas de la vida se solucionan con retórica. Para ello tienen un frondoso diccionario de palabritas y de conjuros, tales como dignidad, justicia, igualdad, soberanía, derechos, etc, etc., etc. A la que han sumado recientemente la fórmula mágica “inclusión social” que nos repiten hasta la nausea”.

Definitivamente este criterio inicial me llamó la atención enormemente, pues quienes estamos de una manera u otra inmiscuidos en el mundo académico (de manera responsable) y tenemos nociones mínimas de ética sabemos que “los principios éticos básicos de la psicología, (…), se derivan del principio ético más general de respeto a la dignidad humana. El valor ético máximo, del cual deriva el resto de los principios éticos, es el respeto a la dignidad humana y hace referencia a la necesidad de considerar que cualquier intervención con las personas tiene por única finalidad su desarrollo y perfeccionamiento” (1)

Pues bien, para “la mula” Dante Bobadilla, dignidad es tan solo una “palabrita” “un conjuro” utilizado por una facción política-social que ha dado consigo, según él, entre otras la “fórmula mágica” denominada “inclusión social”, inmundicia retórica que le provoca náusea escucharla.

Ello me lleva a preguntarme ¿podría este personaje pintoresco, discernir semejante conclusión en el claustro universitario de una universidad pública? ¿en una universidad privada de prestigio? (que son a lo mucho dos en el país: la Universidad de Piura, y la Pontificia Universidad Católica del Perú), me imagino que no, pues mínimamente estoy convencido que la masa gris estudiantil (previamente seleccionada en rigurosos exámenes de admisión) le hubiera exigido sustentar semejante barbaridad y él no lo hubiera podido hacer, ya que de los alcances de su artículo se puede colegir una fundamentación basada en resentimientos y hasta en escepticismos respecto de los fines perseguidos por el “segmento político de izquierda” toda vez que critica ésta posición ideológica únicamente en razón a las intenciones del actual gobierno de cambiar nombres de algunos ministerios y crear otros, así como a su intención de reforzar la actividad empresarial del estado.

Con ironía agrega que con ello “se acabaron los problemas de pobreza en el país” y que “el giro de nuestra política ha sido espectacular”, además de ser enfático en señalar que “el triunfo de la izquierda se debe a un momento de estupidez colectiva” y que en todo caso “constituye una “discusión bizantina si reformamos o no la constitución”.

En verdad no sé si reírme, preocuparme o deprimirme por las aseveraciones que da este profesor universitario. Considero que como todo profesional “el psicólogo debe capacitarse para realizar estudios (…) y desarrollar habilidades (…) debe contar con las herramientas necesarias para aplicar programas, ya que dirige su actividad hacia la investigación y el desarrollo de la salud mental de la comunidad y el individuo”(2) , y si bien es cierto para el docente que se quiera como tal el internet jamás será mejor que un buen libro, las apreciaciones que se hagan en la web deben ser sustentadas.

¿Es acaso sano, concebir como una estupidez la implementación de las políticas económicas y sociales de un gobierno bajo los ideales de dignidad, justicia, igualdad y de inclusión social?.

Al parecer algunas personas que pretenden ser maestros y guías de la juventud nacional, vía wikipedia, así lo consideran, en mi parecer, ello resulta enfermo y es una muestra más del estiércol académico del cual estamos rodeados.

Así, me gustaría comunicarle al Sr. Bobadilla que la Dignidad Humana es la premisa antropológica cultural de todo Estado de Derecho y la democracia su consecuencia organizativa (en este extremo me permito recomendarle la obra “El Estado Constitucional” de Peter Häberle: Traducción e Introducción de Diego Valadés. Fondo Editorial de la PUCP. Lima 2003) , y bajo el contexto que entiendo de inclusión social, ello además de ser un ideal, es una exigencia de la gran masa social del país, de aquel grupo social que por ejemplo vive en Pachacamac y que al subir sus baldes de agua para poder prepararse con leña un reducido “almuerzo”, observa las residenciales de Santiago de Surco en cuyas piscinas repletas de mejor agua, se deleitan los mejores bufettes.

De repente al profesor Bobadilla se le olvida que el Perú no debe vivir condicionado a los fines individuales que las grandes empresas corporativas persiguen, sino que es el estado quien pone las condiciones político económicas en base al bienestar colectivo con un respeto al equilibrio contractual, lamentablemente la Constitución Política de 1993 además de ser ilegítima por el fraude al referéndum que la aprobó y por su número de votantes, protege más el interés privado que el público, y ello debe cambiar a través de serias y colegiadas reformas, por eso a diferencia del profesor Bobadilla considero que la reforma de dicha constitución no es un diálogo bizantino, si no que además de ser una exigencia jurídica, es una exigencia ética a nuestra alicaída “clase” política.

Si dentro de la dogmática sociopolítica ello es considerado un principio verbo rector de la Izquierda Política, permítanme con suma humildad aceptar que soy un izquierdista. Si en el contexto del profesor Bobadilla obedecer ese ideal es una estupidez, permítanme considerarme un estúpido.

Cuánto daño hizo Fujimori al país con la dación del Decreto Legislativo N° 882 que reguló en una forma nefasta e irresponsable la inversión privada en la Educación Nacional, este cuerpo jurídico y sus normas conexas han dado lugar a que a la fecha existan carreras profesionales que se cursan vía internet o a correspondencias, existan títulos a destajo, al mejor postor, existan filiales de universidades privadas más que burdeles, ha dado lugar a que el pueblo tenga que aceptar y sufra de un estiércol académico propugnado por docentes incapaces, generando a la vez gurus empresariales educativos multimillonarios, o acaso para el profesor Bobadilla ¿también la educación es más un negocio que un servicio? ¿acaso ésta crisis educacional no es el mejor ejemplo para discernir quien se beneficia más, si el pueblo o el empresario?

A propósito, el actual gobierno de izquierda que critica el profesor Bobadilla ha manifestado que “reforzará el sistema de acreditación universitaria. Los títulos a nombre de la nación que en algunos casos prácticamente se regalan, tendrán un riguroso procedimiento nacional en salvaguarda de la calidad educativa”(3) .

¿Acaso el profesor Dante Bobadilla estará preocupado?

Definitivamente, si en algo hay que darle razón al profesor Dante Bobadilla Ramírez es que “el Perú ha entrado a una nueva era”: pero “la era en que algunos docentes universitarios dan pena”.

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(1) ANDRÉS CHAMARRO LUSAR: “Ética del Psicólogo” Primera Edición. Editorial UOC. Barcelona. 2007. Pp. 19

(2) CATALINA HARRSCH BOLADO: “La identidad del Psicólogo” Editorial del Centro de Estudios de Post grado en salud mental de Querétaro. Cuarta Edición. México 2005. Pp. 152

(3) OLLANTA HUMALA TASSO: Mensaje Presidencial 28 de Julio de 2011.