miércoles, 9 de noviembre de 2011

Lady Rosa

En un lugar pequeñamente inmenso nació, dicen que a las cuatro de la mañana, una madrugada de enero, bajo el alba, cuando la luna se esconde de cansada, como si el universo diera el presagio de que de un vientre materno se pariría un ángel bajo el cantar de los "ajisecos", antítesis lógica a la razón pura de Manuel Kant que nos hace hablar de manera sublime.

Como hoy, muchas veces suelo hacer memoria evocando su recuerdo, su sonrisa, su andar, su prosa, su dogma (incluido el político), su facción, su vanguardia, dando gracias a Dios que me permite tenerla conmigo.

En palabras de Neruda, quién diría que en aquellos tiempos “cuando la libertad se cambió de traje para convertirse en hacienda”, nació “Lady Rosa”, la persona que se encargó de demostrarme y hacerme entender, que los “hacendados” (arrendatarios – ocupantes precarios), no eran más que abusadores acomplejados, idiotas que se concebían superiores al campesino, sin tener en cuenta la trascendencia de este en la primera escala de la manutención vital del mundo.

“Lady Rosa” hija de un pequeño burgués, ya desde niña desafiaba a la “gravedad social” de su pueblo, lejana a lo superfluo, lo despótico y vulgar, pero cercana al cariño y la sencillez, lo que le valió tener la admiración y cariño de todos y en igual grado su respeto; bajo ese contexto me enseñó que la amistad es más incondicional que el amor, pues éste ultimo te pone condiciones.

Y del amor, concibió en mi psiquis que el mejor modo de amar, es siendo consecuente con mis sentimientos, siempre y cuando las personas que tienen mi cariño, me permitan serlo y allí la amistad es un eje verbo rector. Con hechos, palabras y gestos, me hizo entender a la vez que el verdadero amor implica una renuncia a todo por la felicidad de alguien, renuncia que muchas veces comprende dejar de lado anhelos individuales, nuestros propios sueños – como ella lo hace por mí.

Han pasado 61 años y el mundo sigue iluminado, con su chispa, con su energía sublime, energía que traslapa la distancia, mata la pena y muerde con fiereza las angustias. “Lady Rosa”, mi “Lady Rosa”, la del andar pausado, la masa gris de mi genética, como diría el gran Silvio Rodríguez, la de la palabra precisa, la sonrisa perfecta.

¿Acaso Nietzsche, en “Más allá del bien y del Mal”, pensó en seres como “Lady Rosa”, para expresar que ¡deberíamos librarnos por fin de la seducción de las palabras!, porque su grandeza es imposible definirla?

Maestra de Profesión, jubilada, con estudios de Ingeniería Agrícola en una de las mejores universidades del país, ha hecho de la didáctica pura, un amor pleno y una verdad cabal, que le ha permitido forjar dentro de cerebros diligentes, corazones nobles, incluso el síndrome de Wernicke, muy asiduo dictador de algunos estudiantes la odiaba, pues no podía entrar en las aulas por donde dictó clases.

El Schleth y schlimm del discurso falso de muchos, no fue óbice para que ella tenga una línea política consecuente entre lo que se dice y lo que se hace, “Lady Rosa”, la que te habla de la izquierda política como una musa, así de ideal, así de bella, pero que con su comportamiento de vida te enseña que se pueden practicar sus principios, no como aquellos “defensores del desarrollo” que dicen de la Izquierda “esa buena mierda”, porque en su concepción “desarrollo solo es plata en el bolsillo, sin importar el clientelismo estatal, la prostitución de menores, maltrato a la pacha mama, entre otras aberraciones”.

“Lady Rosa”, es la última interesada en el dinero. Después de la patria, preferiría vivir en Cuba, ésta isla bañada en dignidad a pesar de un bloqueo económico de casi seis décadas, que en Grecia bañada en una “democracia” que ahora la ha hecho propiedad del G20.

“Lady Rosa”, la maestra que se enamoró del señor guardia civil, la profesional que en la línea de Horacio Zevallos, encontró el amor, en el policía impregnado del pensamiento velasquista; y es que el amor conoce de algunas contradicciones.

Yo mismo soy una contradicción, amándola con locura he sido capaz de causarle lágrimas, lo que me vuelve un resentido conmigo mismo.

“Lady Rosa”, la expresión perfecta de que la mano que mece la cuna mece el mundo, ella tiene mi mundo y de él su mejor fragancia constituye su olor.

Cuánto habrá caminado por mí!, cuánto en realidad habrá llorado por los que ama!?...no lo sabré jamás, su amor es tan amplio como su silencio prudente…

Ella es el fusil de mil batallas de su esposo, la ecuación perfecta de sus hijos ingenieros, la obra de arte de la yema de arquitectura que parió y el principio jurídico de mi criterio, la jachín del templo familiar.

Ella hace que mi guitarra detone el folclor de mi tierra así como el ecuatoriano y argentino, la nueva trova cubana, humeando en el tabaco musical de Sabina y la prosa de Calamaro…

“Lady Rosa” – Rosa Elcira Guevara Díaz, mi madre; la mujer más importante de mi vida, la que siempre me espera en aquella puerta…