miércoles, 23 de noviembre de 2011

Los “hijos de puta” en la política peruana:


Llamar a alguien “hijo de puta” depende en suma medida de la situación en la que se dé, así es aquel peculiar momento el que hace de esta frase la expresión de un enojo, de un sarcasmo, incluso de una admiración, por eso no nos rasgamos las vestiduras cuando la escuchamos, más aún si hemos leído “El Quijote de la Mancha” de Cervantes.

En algunos libros a disposición, hemos podido constatar que, “se insulta al adversario por hijo de puta, pero por metonimia, se insulta a la madre (por puta) y al padre (por putañero o dejar de ser puta a su mujer)”(1) .

Si llevamos dicha expresión a este primer plano, en transfondo con nuestros políticos, podríamos decir “que tal hijo de puta el ex Vicepresidente Raúl Diez Canseco Terry para levantarse a la ex de su hijo y encima sacar un Decreto Supremo que beneficiaba a su suegro de facto” o “que tal hijo de puta el presidente Alan García para ridiculizar a su esposa vía televisión aceptando que le sacó los cuernos” o “que tal hijo de puta el chino Fujimori que se levantaba a las geishas” o “que tal hijo de puta el Cholo Sagrado cuando hace de las suyas en punta sal”; y es que en verdad, de nuestros referentes políticos se pueden extraer dignas cualidades en cuanto al gen adulterus que tienen, así no es descabellado que podrían incluso ser dignos personajes en la novela del colombiano Vargas Vila.

También se sostiene que el término “hijo de puta” sirve para hacer referencia “al ilegítimo, al bastardo, al espurio, al repudiado social” (2) .

Este plano podría explicarse en aquella situación en que el congresista Víctor García Belaunde – “vitocho” - llamó “hijo de puta” a su homólogo el congresista aprista Luis Wilson increpándole que había colocado a media familia a trabajar en ESSALUD, al mismo tiempo que le decía que los integrantes de aquel partido eran repudiados sociales, o como cuando “popy” Olivera casi llega a las manos con Rómulo León, precisamente este último le decía algo tan verdadero al inefable popy: “eres un hijo de puta”.

Lógicamente a razón del escándalo de los “petroaudios”, “del come oro”, “la lava pies”, “roba cable”, “mata perro”, “come pollo”, “Brujas de Cachiche”, “Baguazo”, “esterilizaciones forzadas”, “matanza de Barrios Altos y la Cantuta”, “Droga en el Avión Presidencial”, “sobrevalorización del Metropolitano, Estadio Nacional, etc” entre otros; este adjetivo para los implicados resulta un anagrama de su propio nombre.

Asimismo, en la lingüística se suele decir que “el adjetivo ‘hijo de puta’ pasa de ser insulto a expresión admirativa sarcástica: como cuando se dice ‘este hijo de puta se llevó toda la guita’, ‘que bien la hizo este hijo de puta’’”(3) .

En este contexto se podría justificar cuando muchos decían “que tal hijo de puta Garrido Lecca pues gestionó un Decreto Supremo que eliminó el arancel que pagan los productos importados. La hizo linda, so pretexto de bajar el precio del cemento y la “reconstrucción de Pisco” benefició a la empresa Mexicana Cemex fregando a Cementos Lima que tuvo que ir hasta el Tribunal Constitucional para que se estableciera el arancel del 12%”.

También en la mofa, muchos asocian al éxito con ser un hijo de puta, por ejemplo en palabras de Jann Wenner “uno tiene que ser hijo de puta para tener éxito”(4) . Si aplicamos por analogía el éxito en la política latinoamericana para atribuir tal adjetivo, no sería ofensa decir “que tales hijos de puta son Lula Da Silva, Evo Morales o hasta el mismo Fidel Castro”, sin embargo en este plano ningún presidente peruano podría estar mencionado, aún.

Hasta economistas “reconocidos” como Hernando de Soto no han podido escapar de la suculencia de manifestar esta frase contra candidatos presidenciales como Mario Vargas Llosa, eso sí en esta situación el ingrediente diferente y turbio por decirlo así, es, por un lado la monumental insolencia de un fraude intelectual en contra del más universal de nuestros escritores, y por otro el rol teatral de la prensa, rol que algunos “defensores de la libertad de expresión y del desarrollo” siguen manteniendo. Los años pasarían y la universal respuesta de Vargas Llosa se haría sentir en su obra “El pez en el agua” cuando este San Marquino tildara a De Soto como “vanidoso y susceptible como una prima donna (...) un tanto pomposo y ridículo, con su español trufado de anglicismos y galicismos y sus cursilerías aristocráticas”, con “una imagen de intelectual que, como dicen sus paisanos, lloraba al ser superpuesta sobre el original”.

Como se puede apreciar éste epíteto suele mencionarse en la realidad política para derrochar una cualidad, ya sea de manera iracunda o sarcástica en contra de alguien, variando su aceptación, eso sí, lo que no cambia es que “el insulto no solo se expande hacia el pedigrí del adversario, sino que es encima insulto gerundial, pues el hijo de puta lo fue al nacer, lo está siendo desde el momento de su concepción, sigue siendo hijo de puta en el presente, cuando recibe el insulto, y lo será aún en el futuro que le espera y hasta en su posteridad cuando, al referirse a él, habrá de decirse que siempre fue un hijo de puta. Como en un entierro de rico, un hijo de puta lo es a perpetuidad. (5)

Por ello, al ver nuestra alicaída “estirpe” política, podemos decir ¡que bien les cae este adjetivo a algunos de sus referentes!, así no se puede atribuir locura en contra de alguien cuando dice ¡las putas al poder, sus hijos han fracasado!

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(1) Guillermo Sheridan: “Paralelos y Meridianos” Primera Edición. Publicaciones UNAM. México.2007. P. 38

(2) Esteban Terreros y Pando: “Diccionario Castellano con las voces y las artes y sus correspondientes de las tres lenguas: francesa, latina e italiana” Madrid. 1787. P. 289

(3) Ricardo Feierstein: “Consorcio Utopía”. Primera Edición. Editorial Galerna Buenos Aires 2007. P. 227.

(4) Entrevista con Jann Wenner para la Revista Rolling Stone, 1970 citado por Gustavo Gómez Córdoba en “El mundo según John Lennon” de . Editora ICONO. Bogotá. 2006. P. 27

(5) Guillermo Sheridan: “Paralelos y Meridianos” Primera Edición. Publicaciones UNAM. México.2007. P. 38