lunes, 9 de julio de 2012

EL ZORRESTER

En el vallecito de colores como solía decirle, el Zorrester nació en el mes numero 8, cábala de mi día de nacimiento; la matemática y el universo que esta encierra en sí misma, predestinaron para que él me de cada día muestras de un gran cariño, de preocupación y de protección.

En cuanto a las muestras de cariño, innumerables recuerdos giran en torno al Zorrester. Uno digno de relato, es aquel cuando a mis 08 años me escape por primera vez de la escuela con mis amigos Román Figueroa, Dante Herrera y Miguel Hoyos para ir a nadar en unas lagunas cercanas a mi pueblo, se me ha olvidado el nombre de aquel lugar, pero era un lugar hermoso, el agua era cristalina y su mejor bastión un sauce frondoso desde donde nos aventábamos. La peripecia está marcada pues mi amigo Miguel, hijo de una de las mujeres más tiernas que me ha dado la vida (Olga, mi maestra), se cortó el pie y nos demoramos desde la mañana a la noche en acompañarlo a casa. Mi madre estaba furibunda como pocas veces y me dijo: “esta vez te daré cien pencazos” (entiéndase correazos), tan solo terminó su frase y corrí despavorido; Alex – el zorrester, logró alcanzarme y me dijo ¡no llores, yo estoy acá!, miró a mi madre y exigió en frase uno de los más grandes gestos de cariño hacia mí: ¡mamita, no le pegues a mi Juan, pégame a mí por él!. Hasta la fecha, no dejo de llorar al recordar tal gesto.

Y es que el zorrester, pone la pauta.

A pesar de haber compartido muchas cosas, no puedo negar que siempre lo he preocupado. Hasta el día de hoy, hago gala de esa vieja cualidad para con él. Creo que en parte de su vida lo he preocupado tanto como vive. Muchas han sido ocasiones en que lo he preocupado, recuerdo que una vez tomé prestada indebidamente, luego de una señora jarana, una camioneta de mi amigo Wilder, para ir a socorrer a alguien que estaba varado en una carretera, mi amigo al despertar pensó que habían robado su camioneta e hizo la denuncia: fuimos capturados con Lalo, mi gran cómplice, y llevados a la Comisaría: El zorrester llegó, estaba preocupado, la situación era grave: lo miraba de lejos, la frente y mirada fruncida como la de mi viejo…sinceramente sabía que me iba dar de alma: pero no, una vez más su cariño lo sedujo y me cobijo en un abrazo fuerte para luego invitarme un pollo a la brasa junto con mi comadre Ingrid – esposa de Lalo.

Para el Zorrester, siempre lo importante es que esté bien.

En cuanto su protección, qué podría agregar. Para hablar o escribir sobre él se me hace un nudo en la garganta. En el tiempo de la universidad, compartimos un cuarto, en él solíamos cocinar unas papas sancochadas con atún, antes de tramitarlas decía ¡espera, un poquito de culantrito con su sal, y vas a ver!, también solía hacer unos tallarines con carne deliciosos, era increíble como esa hornilla eléctrica que manteníamos oculta para evitar más cobro de alquiler, podía preparar tan ricos aperitivos; puedo decir con certeza que mi hermano Alex me enseño a cocinar y a darle valor a las cosas sencillas de la vida.

Con el zorrester me mude a varios cuartos: al detrás del Colegio Juan XXIII, al del jiròn Silva Santisteban y al de la calle amazonas; en este ultimo me dijo un día a las tres de la mañana que se iva a casar, estaba recostado en su cama fumándose un premier haciéndome compañía mientras estudiaba para un examen, me sorprendiò la noticia pero me apenó mucho pues sabía que la dupla de oro – como los Super campeones “Oliver Atom y Tom Misaki, se separarìa, para uno de ellos jugar en ligas mayores y confusas: el matrimonio.

Luego que se casó el zorrester, mi cuarto, de ser el bunker de la amistad, pasó a ser tan solo una habitación en casa alquilada.

El zorrester, siempre ha compartido conmigo, y yo con él, incluso parte de la pensión, cuando había broncas con el viejo, por cuestiones que hoy han sido superadas, gracias a Dios.

Infaltable en mis cumpleaños, lejos de mi casa. Solía llegar de noche, en tiempos de la universidad, con un Cogollito, Ron Bahía, Pisco de los Reyes, un Cuba Libre o una “oferta” (entiéndase ron con coca cola); hoy con un Johnnie Walker Blue Label, Viejo Tonel, Biondi, Mosto Verde incluso un Zacapa.

Con el zorrester, conocí la bohemia. También la literatura alternativa, Mariátegui, Vallejo, Heraud y Arguedas; a Benedetti y García Márquez, incluso Karl Marx, Kant, Geideger.

Infaltable en los conciertos musicales en los que participé ya sea en la universidad o en un antro rockanrolero; siempre a mi lado, incluso en esas situaciones cuando el corazón llora. Mi compadre zorrester el compañero de mi soledad, el que pone el consejo preciso. Quizás por haberme protegido desde niño, sea la causa que cuando escucho su voz, siento calma; verlo a él, es ver al papá.

En las épocas difíciles solía decirme, ¡no te derrumbes! Vendrán tiempos mejores!...no se equivocó.

Si sueles recordar a las personas con una canción, al zorrester lo recuerdas escuchando “Wind Of Change” de Scorpions , “We are the champions” de Quenn, “While My Guitar Gently Weeps” de George Harrison, “Jealous Guy” de Lennon “Mujer de Magia Negra” de Santana”, “Big in Japan” de Alphaville, “Mi niña Veneno” de Richie, “Berbenita” de Sabia Andina, “El pueblo unido” de Quillapayun, “Quien fuera” de Silvio Rodríguez, “Profesorita” de Estudiantina Perú.

La música del zorrester, es un sentimiento.

Aunque no lo acepte, político nato, fue Presidente de Federación Universitaria a muy temprana edad y en la administración pública escaló con mérito a lo más alto, lamentablemente el estado no le dio la oportunidad de dirigir un estamento, sé que lo hubiera hecho muy bien; ante ello, “el lado oscuro de la fuerza” – entiéndase el sector privado, ya había captado su capacidad y terminó por llevárselo a una de las transnacionales más grandes de la ingeniería vial.

El Zorrester, es la persona más inteligente que conozco.

Con ese ejemplo, caminar por la Administración Pública se me hace un sendero que no debe variar, ante cualquier dificultad me resalta su imagen y me lleno de solercia y libertad para no agacharle la cabeza a nadie, y simplemente decir lo que pienso; y es que el zorrester me ha enseñado que más importante que decir es hacer, pero más importante que hacer, es creer en lo que se hace, que es importante tener fe en uno mismo, así de simple.

Si resumes a alguien en un punto cardinal, el zorrester, es el norte.

Ahora cuando lo veo con sus hijos: “Atreyu” y “el dragón” casado con la mujer de su vida lo veo completo y soy feliz por él, pero soy más feliz cuando veo que sus retoños se parecen a Alex y Juan, que nos enseñan que hay lazos inseparables y que la historia se repite, el Dragón tras Atreyu, como aquella Historia sin fin de Michael Ende.

Mi Alex, el zorrester; con el he vivido plenamente, desde compartir una cama en casa, un plato de comida, un llanto por los viejos, un comedor universitario, un cuarto de estudios, unas noches de bohemia, unas señoras borracheras, una hermosa serenata, una pedida de mano, una bronca colectiva, un concierto, una canción, un cigarro, hasta un llanto y una confesión de amor…

El zorrester, el que siempre te brinda el consejo que trasciende, el que pone el hombro cuando lo necesitas, el que te extiende la mano, el que te quiere como eres, sin juzgarte.

El zorrester, es a quien quieres de un solo modo: con toda la fuerza de tu corazón.

Alex, para los amigos, el zorrester, mi hermano mayor.

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