lunes, 6 de agosto de 2012

KYO KYO, MARABU:


“Sayonara, cariñito kyo me voy con tu amor…” escuché ese cantar en la guitarra de mi tío Reynerio Guevara, el tío de pelo largo, bien pintón y con botas; enternecedor cantar que me conmoviera el gusto por la guitarra y el canto. ¿Te gusta pepino?. Preguntó aquella ocasión; era una de las primeras veces que lo visitaba ahí en Chiguirip, tierra de mi madre. Sí tío, contesté. ¡Es de don Pedrito Otiniano compare!, replicó con ese gesto criollo pero con mirada de ternura hacia a mí, lo recuerdo como si fuera ayer; por suerte encuentro esa mirada cuando veo a mi primo Iván, su hijo.

En aquella tarde, recuerdo estaba mi tío Enrique Toro, uno de los pocos hombres leales que existe aún, el quería cantar unos huaynos, pero mi tío Rey estaba empecinado en cantar sus boleros. Ahí se me fijó otra canción “Adiós ya me quedo sin ti y así para que más vivir…”, ahora puedo decir que sus gestos al cantarla decían muchas cosas, en ese momento de niño; aún no me daba cuenta que cantando disimulas penas y que si lo haces con guitarra eres más sincero en ello. A pesar que mi tío Kike era más de huaynos, al final de la canción dijo, ¡ese Lucho Barrios es buen cholo compadre!, “clarinete cuete pe cumpa” contestó su mejor amigo.

Había escuchado “Kyo Kyo” de Pedro Otiniano y “Marabú” de Lucho Barrios.

De niño, he escuchado muchas canciones, pero esas dos composiciones, tienen un añejo de encanto familiar, en recuerdo de mi tío Rey y mi tío Kike; y es que sus cantores eran buenos tipos como mis tíos. El nombre de Pedro Otiniano y Lucho Barrios, en estos últimos dos años ha sonado mucho por su muerte, más que por un reconocimiento institucionalizado que debió darse en vida.

De niño hasta mis quince años esas dos canciones connotaban en mí la grandeza musical y el amor por mi tío Rey, esa manera de pensar no ha cambiado hasta hoy, pero si cuando a mis quince años, me enamoré por primera vez; “Kyo Kyo” y “Marabu” cambiaron de sentido; a veces el raciocinio hace más terrenal lo musical, más aún si lastiman tu corazón.

Ya para desde el tiempo de la universidad, Pedro Otiniano y Lucho Barrios; han resultado para muchas generaciones (incluida la mía), un milagro en medio de la soledad, un eco musical elegante de cantina, también han resultado la compañía ideal para un cigarro de penumbra. Cómo contar las veces en que canté ambas canciones con una guitarra, creo que sonaría a soberbia contar las sonrísas que arranqué a bellas damas, cuántas cervezas y cigarros hice comprar a mis amigos, algunos lloraron conmigo al escuharlas.

Pedro Otiniano y Lucho Barrios, han hecho del bolero sentimental, un atrio de la declaración de amor; considero que estos dos grandes peruanos junto a Iván Cruz, son la santísima trinidad del bolero peruano y no hay cabida para otros, lo digo con el debido respeto, esperando que para el que queda vivo, nuestro estado tenga una muestra clara de reconocimiento en vida.

Ahora, como suele haber en nuestra sociedad de “santos”, algunos dirían “podrán haber sido grandes cantantes pero eran borrachos”, como si Jesús no se hubiera embriagado alguna vez, como si el más noble de los hombres no hubiera sentido algo por una mujer, como si los “Mesías” “los representantes de Dios” no tuvieran deseos carnales; y es que no se trata de ser, sino de sentir.

Según los entendidos Pedrito Otiniano, nació en Lima el 27 de marzo de 1937 y debutó a los 19 años en 1946 por Radio Mundial, cantando el vals "Fatalidad" de Laureano Martínez Smart y antes de morir su última grabación se denominó “El Rey del Bolero”, sinceramente que acierto del destino.

Por su parte, Lucho Barrios, nació el 22 de abril de 1935, debuto en 1950 luego de ganar un concurso musical en la capital – Escalera al Triunfo, lo que le permitió luego fundar el grupo “Los Incas”, lo que le valdría la oportunidad para conocer al gran hermano ecuatoriano Julio Jaramillo, como paso previo para su internacionalización.

La fama de estos dos grandes exponentes peruanos ha sobrepasado fronteras, ello de manera inmediata se denota en el cariño que se tiene a ambos en Ecuador, Chile, Argentina, Colombia, Bolivia y el Uruguay.

He tratado de encontrar más información sobre ambos, lamentablemente en el Perú pareciera que no se describe lo bueno que tenemos a nivel musical, sólo se deja a que la televisión embrutecedora nos quiera hacer creer que buen músico es el que vende más y que cada día hay que alabar al “Dios Mercado”, a pesar que este nos dé en muchas ocasiones mierda musical, berbigracia “te toco la trompeta” de Susy Díaz.

Solo pocos artistas pueden interpretar con convicción sus canciones, Pedro y Lucho, forman parte de ese grupo selecto; por suerte los vi en el parque de la exposición, en una noche donde la luna salió completa a escucharlos, toda dispuesta; metáfora de un astro hipnotizado por el don divino que dio Dios a los seres humanos para no envolverlos en la locura…la música.

Atentamente;

Juanjo.