miércoles, 10 de octubre de 2012

El Reencuentro:

Definitivamente los momentos más felices de mi vida los experimenté en la Universidad, aunque hayan habido algunas limitaciones materiales en aquél tiempo, mi mundo espiritual, aunque confuso, estuvo pleno a todo nivel.

En cuanto, al nivel de amistad, puedo decir que en aquel tiempo conocí a amigos entrañables, cuya calidad ha sido inimitable ya que hasta hoy no he podido encontrar gente tan humana como ellos, dentro de este grupo selecto, en suma mayoría considero a los integrantes de la V Promoción de Derecho de la Universidad Nacional de Cajamarca (UNC).

Así, el motivo del presente trata de dar alcances respecto del Primer Reencuentro de la Promoción, luego de diez años de egresados de las aulas universitarias. Ya desde hace cinco semanas, se venía ideando un encuentro entre los integrantes de la promoción, a tenor de la oportuna apertura de un grupo web cerrado en el facebock que hiciera, mi dilecto amigo Francisco Miranda Caramutti – “Franshua”, con quien comparto no solo un lazo promocional, sino lazos de hermandad que giran en torno a una escuadra de valores y un compás de ideales:.

Habiéndose definido como fecha de reencuentro el día 06 de octubre del presente año, me preguntaba si debería ir, si tenía la obligación de asistir a dicha reunión, si mi desplazamiento desde Lima hasta Pacasmayo donde se desarrollaría el encuentro, estaba justificado, máxime si para esa fecha tenía también una reunión de camaradería con algunos amigos de la alta dirección en el sector que hoy desempeño labores como Director Sectorial de la Unidad de Personal, a lo cual se sumaba el hecho de que la mujer más importante de mi vida – mi madre, está en la capital, a mi lado, gracias a Dios.

A pesar de pensar un poco en las variables bajo las cuales suelo tomar mis decisiones, debo confesar que esta vez la objetividad de mi razón, se vio opacada por el apasionamiento de mis sentimientos: eran diez años que no me reunía con entrañables amigos con los cuales compartí más que una carpeta universitaria y ni la distancia tendría que ser un límite para poder alegrar a mi corazón con verlos; manifiesto que en esencia valió la pena: si bien el tiempo es valioso, también la amistad; si bien el régimen de vida implica un gasto, también la alegría forma parte de ella y que mejor de compartir eso con personas que te estimaron por lo que eras no por lo que ostentabas.

Tomé la decisión a las 6:45 pm del día 05 de octubre del presente año, no había gestionado pasaje y por el fin de semana todos estaban agotados. Procedí en dirigirme desde mi casa en Miraflores hasta el terminal norte en el distrito de los Olivos, ni pregunté el precio del taxi por dos razones: la primera nadie quería ir a tal destino y por otro lado sabía que el tiempo jugaba en contra entendiendo el periodo de doce horas que como mínimo implica un viaje en bus desde Lima a Pacasmayo. Llegué al terminal terrestre y los pasajes estaban agotados en las agencias adscritas, por un momento pensé que no iba a poder viajar en la noche, hasta que escuché “Chiclayo, Chiclayo, me queda uno”!! Era el cobrador de la empresa “Titanic”, ni lo paradójico del nombre me detuvo, ayudó mucho el llevar equipaje corto y por puesta de mano le gané el asiento a un tipo que cargaba ocho maletas, si el cobrador no lo pensó, mucho menos el cargador de maletas. Perdí primo!! atenuó a decirme. Subí al bus, asiento 21, previo pedido al chofer que me dejara frente de la Cementera Pacasmayo. Fueron once horas de viaje tiempo en el cual empecé a recordar las vivencias con los muchachos, con la mancha. Fueron seis años académicos, pero también de aventuras, así es que conecté al celular los audífonos y mis recuerdos comenzaron a dialogar con Soda Stereo, Virus, Abuelos de la Nada, Héroes del Silencio, Calamaro y el infaltable Joaquín Sabina. Me había quedado dormido, las arrugas del cansancio laboral ocasionaron un profundo sueño así como traer abajo la batería de mi teléfono. Llegamos al cruce Pacasmayo!! Exclamo el ayudante del conductor, entre sueños salí del ómnibus, siendo recibido por el azul cielo norteño, su calor, su viento. Cruce la Panamericana y subí a un moto taxi, si hay algo que en Pacasmayo abunda son los moto taxis. Pedí al moto taxista que me condujera a la plaza de armas: punto de encuentro pactado con los coordinadores del evento: Franco Abanto y Rocío Becerra.

Al llegar a la plaza no me esperaba nadie, los cuestionamientos empezaron, así es que luego de instalarme en el Bar “Casa Blanca”, cargar mi celular y deleitarme con una Chita Frita llamé a Iber Silva “el cafiolo”, me había prometido que llegaría también al encuentro. Le reventé su celular a llamadas hasta que me contestó, intentando darme argumentos no valederos me dejó a entrever que no podría llegar, a lo que tan solo atiné a decirle: “el tiempo me ha hecho entender que la palabra vale más que la firma, así es que compórtate como varón, empezando a darle peso a tu palabra”, estaba enojado, encima el celular de Rocío Becerra estaba apagado.

Contemplando el muelle de Pacasmayo y fumándome un cigarrillo, sonó mi celular, era Iber: “Galifardo, pues Oshtias que te incomodas, joder, ya estoy en la salida mezclándome con la plebe, voy en camino, no te enojes que llevo la guitarra, mazamorrita”, me reí, se despertaba en mí una profunda alegría, aquel proceder de mi compadre “cafiolo” y su manera típica de hablar, me demostraba que una de las cualidades de la amistad, es que esta es consecuente con la manera de ser de cada uno. “Te espero hermano”, le respondí. Luego de que precisamente Iber me diera el teléfono de Roberto Fernández – “la vieja”, llamé a este ultimo, quien me manifestó que estaba llegando con Juan Vargas – “el chato”, Yuri Gamarra “Mr. Poto” (como solía decirle Charo Gálvez) – su esposa y Franco Abanto, quien además de ser un buen amigo de la promoción, resultó sinceramente un buen anfitrión y coordinador del evento.

A la plaza llegó una camioneta Vitara roja, y de ahí bajaron mis amigos, si bien el tiempo había pasado, había mantenido en ellos, el afecto. “Promito”! dijo Roberto con su inconfundible estilo, satirizando a Juan, a su saludo agrego “llegue con mi mancha, ahora jódeme pe” (en alocución a una circunstancia que pasamos de estudiantes, en el grifo “El amigo”, en una noche de copas), solo atiné a abrazar a cada uno, el mejor complemento de la delicia que desayuné fue lo reconfortante que resulta extender un abrazo a quien se estima. Luego de confundirme en un entrañable abrazo les manifesté que “el cafiolo” estaba en camino.

Roberto, chequeaba lo que estaba desayunando desde que me saludó y su solitaria no se contuvo, de inmediato pidió lo mismo, así como Juan, y es que si en algo me ganó Roberto, además del promedio ponderado, fue en almacenar digestivamente alimentos. Luego que desayunamos, Franco nos recomendó el Hostal “Los Reflejos”, un local cómodo y barato, solo que para subir a las habitaciones teníamos que caminar por gradas a una altura de tres pisos. Como dijera Juan: si te pegabas la bomba, hasta subir al cuarto te sanabas.

Luego de regístranos y darnos una merecida ducha, al salir del hotel, nos encontramos con Rocío Becerra – “Chío”, Rosario Galvez - “Charo”, Judith Meza – “la Barbie”, acompañadas de la Dra. Ivy Nué Sessarego, quien fuera nuestra maestra universitaria, pero además amiga de nuestra promoción. EN honor a la verdad, si hubo un solo profesor que lograba que a quiénes nos encantaba sentarnos en la fila ultima del salón, nos peleáramos por estar en las primera filas, era la Dra. Ivy: una mujer que además de ser guapa, tenía como signos distintivos, la inteligencia y cordialidad, acompañada de una sonrisa bonita e inconfundible; que bonito fue constatar que nada de ello había cambiado, incluso su recordada frase de saludo “Juanjosecito”!.

En igual modo que horas antes, nos confundimos todos en abrazos de amistad, veía a mi amiga Charo después de muchos años, con ella pasé bonitas anectodas, acompañados de nuestra guitarra, mi alegría respecto de ella, era adicional, se había casado con mi primo – José y tenían una hija. Estreché un fuerte abrazo con “Chío” para luego darle piropos llenos de amistad, si algo no había cambiado en ella era lo guapa que siempre ha sido. También “la Barbie” y esa risa peculiar e inconfundible estilo, complementaban ese bonito sol de Pacasmayo. También llego José Luis Fernández “pepe” a nuestro encuentro, fue afectuoso extenderle un abrazo de amigo, él al igual que yo, estudió lejos de casa, situación que generalmente marca la vida de una persona por todas las implicancias que tiene.

Luego de una hora aproximadamente, dimos el encuentro a Nury Marín, en un grifo a la salida de Pacasmayo, en donde la abordamos cuando llenaba el tanque de gasolina de su auto, un Wolsawagen rojo muy bonito. Luego de saludarnos en el mismo sentimiento, pepe y yo subimos al auto de Lizbeth Arana quien había llegado con su esposo; para luego trasladarnos al fundo BSP de la señora Blanca Salcedo de Ponce, un lugar precioso, en donde el estilo del hogar se mezclaba con el arte que implica criar caballos peruanos de paso.

Luego de entrar en aquel recinto y previa recepción de la familia, Yuri tomó la palabra, para profesar los sentimientos que despertaba encontrarnos después de muchos años, le siguieron Franco, el suscrito y la Dra. Ivy; quien profesó su preferencia y simpatía por nuestra promoción, algo que en franqueza todos los promocionales asistentes no dudábamos, su tan sola presencia daba muestras de ello.

De la Comida ni hablar. Un seco de Cabrito, acompañado de un Pato albergado, una buena Inca Cola, así como un Wisky Grand Old Park, fueron los complementos ideales.

A eso de las tres de la tarde, llegó “el cafiolo” trayendo una guitarra, con sutil sonrisa me estrechó un abrazo, susurrándome al oído “aquí está la única caderona que te ha sido fiel”!!, lo cual dio lugar a que echara en risa un buen par de minutos, mientras uno de mis mejores amigos salude a todos los promocionales y la Dra. Ivy presentes en el encuentro.

Desde aquel momento, empezaron los relatos y aventuras vividas en la época del pregrado y en las cuales en suma mayoría las estrellas eran “el cafiolo” y “el chato”, cada relato nos ha hecho reír tanto que el mismo Roberto “la vieja” terminó literalmente llorando de risa. Ha sido sin lugar a dudas uno de los días en que más he cantado en mi vida, la guitarra si estaba un poco nostálgica pues faltó al evento el mejor guitarrista de mi promoción y sin temor a equivocarme, uno de los mejores de mi época universitaria: Luis Castillo “luchito”, quien ha formado una familia a lado de mi promoción Solange Romero “la Sol”, ambos magistrados. Ésta ausencia musical, ocasionó callos en mis dedos por la digitación de cada tema musical, así como las subsecuentes arrugas de garganta. Eso si, debo manifestar que el tema central musical, fue aquella sátira que hiciéramos a la canción “maracas” del gran Joao Sebastian. Composición realizada por “el cafiolo” y el suscrito, en el cuarto del primero ubicado en el Jirón Amazonas, cuadra 01 – Barrio San José de Cajamarca, composición que hace referencia a los integrantes d la promoción, según el siguiente detalle:



Amigo ven te invito una copa
"no ya no tomo ya"!
No tomas ven te invito un café
"Bueno, pero conste me intoxico".
Que quiero recordar la época loca
De ayer cuando teníamos 26’

Y dime que ha sido de la Charo
"Está en el uvita chupando"!
Seguro que con Chío y Judith
Me han dicho que ahora toman más que el Santos
Y ese es un tremendo guayacol

CORO: Llevemos juntos serenatas, para la V Promoción
grupo de buenos muchachos
Muchachos de palabras y acción

Y dime que ha sido del Hubert
A Toledo, está en el vía 11
Seguro que con Pancho y el chato Juan
Pero que no se rían nuestros profes’
Que a todos los he visto en el local

Y dime que ha sido de la vieja
"Ah no sé nada"…
Me han dicho que se ha vuelto maricón
Pero la culpa es de Leoncio Cachi
Y el loco en Larco Herrera terminó

CORO: Llevemos juntos serenatas, para la V Promoción
Un grupo de buenos muchachos
Muchachos de palabras y acción

Ahora me disculpas tu mi Juanjo
"Porque?"
Todavía sigues siendo un pisao’
Recuerdo que llorabas por tu flaca
Y siempre desfogabas en el ron

Ahora me disculpas tu mi Iber
"Porque, capichi?"
 Tu sabes que de ti, se un montón
De todas las que entraban en tu cuarto
Y a todas les hacías pedir perdón…

Al último hablamos de la pepe
El mujeriego malo y jugador
Te acuerdas los condones en su cuarto
Y atoraba los baños el ca…

CORO: Llevemos juntos serenatas, para la V Promoción
Un grupo de buenos muchachos
Muchachos de palabras y acción


Les juro, todos la cantaban, como aquella vez que se estrenó en la celebración del cachimbo que organizamos, día en que ni el decano se salvó de la chacota elegante, impartida por un grupo promocional que formó parte de aquella masa gris que en una gesta de protesta afianzó la creación de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, desligándonos y dejando de ser anexo de la facultad de ciencias sociales.

Hemos cantado de todo, mención especial “cuando sale la luna” de Pedro Infante, por los recuerdos que implicaba en todos; y por cierto ese día si que hubo una luna espectacular, como si hasta la naturaleza reflejara su predisposición por la amistad verdadera.

Una vez acabada la tarde fuimos al departamento de Franco, un lugar acogedor en donde departimos un buen piqueo, asi como un rato bailable previo al de la discoteca. La de la noche, para variar la hizo el cafiolo. Contemplando los pies de Chío, le pregunté a mi guapa promocional ¿talla 36'?, me contestó: así es!! como lo sabes?...para que veas!, le contesté. El buen cafiolo percatado del hecho, interrumpió con una interrogante a Chío: ¿oe belleza, talla 36'?, "si, promito" contestó Chío, a lo que Iber, con una mueca de chacota, le contestó mirándose los pantalones. " tú 36', yo el capichi 19'", en lo que los reunidos explotaron en risa.

Luego de varias horas pasamos a la discoteca “la taberna”, local de moda en Pacasmayo. Ya no éramos los chiquillos reyes del tute, que podían hacer lo que sea en una noche de fiesta, el tiempo había cambiado, la mayoría ostentamos cargos públicos y hasta por una cuestión de ética deberíamos guardar las formas posibles y propicias, todos sabíamos ello, y no nos costó comportarnos a la altura, situación que tuvo como mejor colofón la canción “Nena no te pongas mal” de los Enanitos Verdes, tema que coreamos todos, quizás por aquel contenido:


“Nena no te pongas mal
sabes que esto cambiará
yo luche tanto tiempo, por lograr lo que ahora tengo
es muy grande la ciudad,
si no estas bien convencido
que quieres llegar bien alto, aunque sea duro el camino
y tenes que dejar a la gente que amas
y a ella que te mira con tristeza y alegría
y te dice que te vaya bien mi amor yo te espero
siempre te esperare”


Cuando cantábamos aquella canción, miré a pepe y a la vieja, les hice un gesto con un vaso de cerveza bien al filo, para brindar por lo vivido y honrar alguna carencia que algunas veces tuvimos lejos de casa o brindar por nuestro glorioso comedor universitario por el cual pasamos, vi lágrimas en Roberto, nostalgia en pepe.

Salimos de la discoteca como a las dos de la mañana y procedimos a retirarnos a descansar. Todo estaba normal, pero como decía nuestro propio amigo Juan Vargas “el chato” es el alma de la reunión y por eso tenía que poner su cuota. “¿Qué. Así nos vamos a quedar?, acaso he venido forasterito pa’ dormir tempranito?”!! Rompimos en risa, nos miramos todos y predispuestos para continuar la jarana llevamos unas cervezas al hotel: El chato, la vieja, cafiolo, el pepe y el suscrito.

Ya en el hotel, la conversación giró a saber de nuestra vida privada, a todos les llamaba la atención que de todos los asistentes solo Juan, Franco y el suscrito no tuviéramos aún hijos. Cada uno se limitó a manifestar parte de sus sentimientos ante todo el plano que conlleva hablar de un tema de tal naturaleza. El más sentimental estuvo Roberto “la vieja”, no porque le haya ido mal en el plano amoroso, al contrario estaba feliz se había casado con su amor de universidad y tenía un hijo maravilloso – el sobrino Rodrigo Gabriel. Quizás por la sinceridad de su sentimiento tanto Juan como yo aceptamos muchas cosas que giraban en torno a su mente, fueron seis cervezas adicionales en el hotel que nos motivaron a contar y aceptar algunas inquietudes relacionadas al amor que profesamos a personas muy importantes en nuestra vida, así no por ciencia sino por experiencia me limité a dar un consejo a Juan para que solucione algo que aún puede remediar, ojala lo haga.

Si bien es cierto la naturaleza de la conversación invitaba a reflexiones del alma, rompimos en carcajadas cuando un somnoliento Iber “el cafiolo”, luego de escucharnos, nos dijo: “bueno pues no tienen suerte en el amor, pero si en el sexo, vale jilipollas”!!, por lo que nuevamente aterrizamos en el umbral de la diversión para acabamos las cervezas e ir a descansar.

Al día siguiente, luego del baño previo, fuimos a comer mariscos en el restaurant “Delicias del mar”, en donde con un precio barato nos brindaron platos deliciosos, como ceviches, sudados, parihuelas: como siempre “la vieja” y el pepe no dejaron ni para los perritos: esos patas se comen hasta el alma de sus alimentos. Causó gracia, para variar que el chato como no había comido nada por libar el día previo, al reencuentro, para variar, le había dado una “bajadaza digestiva” que se devoraba todo, incluido parte del plato de los compañeros, lógicamente con su consentimiento, Juancito es un caballero.

Luego de tal festín, los asistentes convinieron en regresar a Cajamarca y bueno pues pepe regresaba a Chiclayo y el suscrito a la capital, sin embargo “cafiolo” y “el chato” nos dejaron en claro a algunos que por algo “habían recorrido 170 kilómetros 12 metros y 21 pasos desde Cajamarca a Pacasmayo”, por lo que el vacilón implicaba un traslado armonioso a la Tierra del Cumbe, sino era día perdido. Dicho ímpetu, logró que hicieramos hora en el muelle de Pacasmayo mientras tomabamos unas cervezas contemplando el mar norteño al son de la guitarra. Animada la tarde no tuve más remedio que acompañarlos hasta a Cajamarca en lugar de regresar a la capital, por lo que escogimos como “amiga elegida” a Nury, nos chantamos a su auto y a ritmo de Grupo 5 con breves espacios guitarrísticos, emprendimos camino. Todo el recorrido fue alegría, a excepción cuando pasamos por la represa Gallito Ciego y conjuntamente con Iber recordamos la muerte de su hermano y sobrino, ahogados en una fatídica mañana, tan solo me limité a abrazarlo, luego que él como señal de recuerdo derramara un vaso de cerveza en el camino, me apenó mucho tal situación: William y Ronald, fueron también mis amigos.

Llegamos a Cajamarca como a las 7:45 pm, luego de despedirnos, Iber llamó a su primo “el tío King” y al “minina”, ambos también amigos míos y del chato, nos arribaron en una camioneta a la altura de la Recoleta – Barrio San Sebastián, lugar donde viví tres años e incentivados por el momento procedimos en buscar una cantina que nos cobijó hasta pasada la media noche, cuando decidimos comer un caldo de cabeza para luego ir a descansar.

El Chato fue a descansar a su casa, yo e Iber fuimos a casa de este último, me desperté a las siete de la mañana y sabía que tenía que viajar un promedio de diecisiete horas, procedí a retirarme luego de estrechar un fuerte abrazo de mi amigo “cafiolo” a quien, valgan las verdades, considero mi mejor amigo en la promoción.

Al igual que mi partida de Lima, el regreso fue una constante suma de memorias, casi por llegar al Cerro el Gavilán, contemplaba Cajamarca, en donde está mi universidad, en ella mi facultad – Derecho y Ciencias Políticas y dentro de ésta el recuerdo imperecedero de una de sus insignias – la V Promoción.

En horas de la noche, casi por llegar a la capital, a la altura de Huacho y luego de vivir este reencuentro promocional hermoso, contemplaba la luna que besaba su desierto y venía a mí aquella frase de Facundo Cabral

“Me gusta andar
pero no sigo el camino
pues lo seguro ya no tiene misterio,
me gusta ir con el verano muy lejos
para volver donde mi madre en invierno
y ver los perros que jamás me olvidaron
y los abrazos que me dan mis hermanos”

Esta historia continuará… el 2013
… si se viene el fin del mundo, qué pena,
….eso si, ni los Mayas pronosticaron lo bien que la pasaría en Pacasmayo, con mis promocionales…