sábado, 8 de junio de 2013

PELUZA Y NEGRIXUM:

Existe un viejo adagio anónimo que dice “el amor nunca envejece, muere en la infancia”. Muchas veces me he puesto a pensar en el alcance de la frase. En el mundo he podido conocer amores y sin sabores; pero en realidad en la etapa de niñez es en donde se quiere plenamente y de manera constante. Sin embargo al haber sido testigo del amor entre mis hermanos gemelos, puedo acreditar que la frase expuesta no es del todo exacta.
Generalmente, he escrito algunas líneas dedicadas a personas que quiero con toda mi alma, de manera individual, sin embargo al ser testigo del amor, unidad y fidelidad de mis hermanos gemelos, hace que ésta vez haga una excepción y escriba sobre ellos, de la manera en que ellos han caminado por la vida, juntos.
Definir a Jorge Edinson y Carlos Milton, peluca y negrixum respectivamente, resulta algo incierto, tan incierto como la fecha de su cumpleaños, en su documento de identidad se fija la fecha de 04 de noviembre, mientras que en la vida profana siempre hemos celebrado su cumpleaños el día 02 del mes indicado, en Perú esa fecha se conmemora el “día de los muertos”, qué ironía.
El Negrixum, fue diferente desde nacido; al punto que mi madre no sabía que este vendría al mundo. Aunque suene poco probable lo mencionado, en estos tiempos, por aquellos años (1978) en mi tierra, no eran común las ecografías. Mi madre, varias veces me ha comentado que le llamaba la atención el tamaño de su barriga pero que jamás pensó que al final del parto, vendría el negrixum a colmar con su bondad a nuestro mundo familiar.
Por su parte, el Peluza y su originalidad han venido colmando de alegría casi 34 años a nuestra familia.
Ambos son como dos caras de una moneda: el negrixum noble como ninguno de los cuatro hermanos, llevó consigo la labor de cuidar a su peluza. Innumerables son los relatos en el barrio, relacionados a las veces en que éste lesionó caras, espaldas, costillas, piernas de aquellos que osaban atacar u ofender a su gemelo. Si bien es cierto el peluza con el tiempo aprendió a defenderse, jamás le restó autoridad a quien el suele llamar su vida entera.
Los gemelos, han estado impregnados de situaciones particulares, negrixum casi se muere al ingerir una bola de pelos de gato (por eso los odia creo), los mismos que fueron sacados a la antigua y con mano propia de mi abuelo Alfredo. El peluza en cambio fue llevado desde muy niño a vivir con mis abuelos maternos (Esther y Juan) quienes lo criaron casi dos años, he ahí el amor que este profesa a su imagen y la identificación para con mi madre.
Cuando escribo estas líneas, con lágrimas en los ojos evoco, aquellas caminatas que daba con peluza y negrixum al colegio, mis hermanos menores son amigos de todos mis amigos, aunque yo no lo sea de todos los suyos, solo de algunos. Con ellos he compartido todo en la vida, menos alguna mujer.
Eso si, Peluza y Negrixum, tienen algo propio entre ellos, una sola identidad, una sola forma de quererse, de extrañarse, de admirarse; que no la comparten hacia otra persona y en verdad esa cualidad me ha hecho admirarlos y quererlos más.
El Negrixum escucha sus rancheras, el peluza a Pink Floy; el negrixum canta a ojos cerrados su sentimiento, el peluza hace del estricionismo una manera de decir que también siente, el negrixum viene de vestimenta formal o sport, el peluza de vestimenta original (recuerdo en esto ultimo que un tiempo iba a la universidad con ropa puesta al revés  – mi padre ante ello le increpó una vez “te crees bacán”, la respuesta de peluza fue “no me creo bacán, yo soy bacán” con aquella manera peculiar de ser que hizo que mi viejo nunca pudiera pegarle a diferencia del Negrixum, el mayor de mis hermanos y yo).
El negrixum, parecía Pitufo Gruñón. Con ese carácter tan peculiar de ser, hasta cuando jugábamos en la playa (previo permiso ganado al hacer ejercicios del vetusto “Baldor”), solíamos molestarlo con la frase “odio el mar”. Pero también este mi hermano, tiene su barrio y por ende su espontaneidad, en este extremo recuerdo su manera de bailar en plan cortejo, moviendo los hombros con ese coqueteo forzado y evidente, complementado con su ternura y caballerosidad.
Peluza, es otra nota. Sin temor a equivocarme es quien ha tenido más demanda en el aspecto sentimental, por ello quizás su manera tan peculiar de mostrar su cariño. Recuerdo que una vez en casa cuando se disponía a tener intimidad con una vecina, puso fin a dicha cita, cuando se percató que la bella dama tenía un par de bellos en una de sus axilas. En verdad se me desprende la risa, tan solo al recordar como me lo contó enojado, “imagínate venir así, con tu kokein no así no” para matarte de la risa.
En cuanto a los estudios, ambos han sido parecidos, hasta se plagiaban juntos, en el colegio mucho se recuerda que durante un examen, Peluza no había estudiado mucho y desde casi un metro de distancia le decía a su gemelo con voz baja “negrixum la 10, la pregunta 10”, cuando el profesor con remedo y mismo timbre de voz les decía “hasta aquí se escucha, hasta aquí se escucha”.
Con ambos he vivido etapas de mi vida. Con peluza en Cajamarca cuando estudiaba Ingeniería Agrónoma antes de ir a Europa a graduarse de arquitecto, a veces cuando nos acabábamos la pensión de manera “improvisada” (gastándola en juerga), solíamos molestar la ración de Alex. Cada vez que veo una polera me acuerdo de él, de mi peluza, el del andar armonioso, deportista, sub campeón nacional sub 15 por mi colegio, fui su máximo hincha, le decían “pana”, en el tiempo de la universidad “nenas”, chapa que le puso Yeina, en el argot criollo, un hembrón, una que solía darle cabezazos a mi hermano mayor como muestra de su “amor”, increible pero cierto.
En el mismo sentido, con el negrixum, he compartido mucho en la vida, en Chiclayo, chambeando en la empresa de transportes de la familia, en Lima por cuestiones d e trabajo. Mi negro el más caballero de la familia, alguien que con toda moral puede decir “mi palabra vale más que mi firma”, un pata de cojones, que no se chupa, que evita la violencia pero que si lo buscas definitivamente lo encuentras bien parado y generalmente perderías, como decía mi amigo “mexas” - “éxitos makolins éxitos”. Un hombre de raza pero definitivamente de ternuna.
 Hoy los dos, son padres, Trístan y Massiel , son el eje verbo rector de sus vidas, sin embargo si bien no dudo de su inmenso amor por sus hijos, estoy más que convencido que su amor es diferente, es único entre todos, lo definiría como el amor de los amores.
Mis gemelos, para quienes soy su juanjuaneto, su filio, las únicas personas que me han demostrado que el amor y la amistad son sinónimos...